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La historia de Melisa

Es hipoacúsica, se recibió de médica y afronta el desafío de atender en pandemia.

 

Cuando cumplió 16 años, conoció la existencia del implante coclear. Pese a la resistencia del equipo fonoaudiológico y de sus padres, tomó la decisión de operarse. Conocé la historia de Melisa Canónico.

En la Semana Nacional de las Personas Sordas, compartimos la historia de Melisa Canónico, una mujer de 38 años, oriunda de La Plata, que, luego de someterse a una cirugía de implantes cocleares, pudo comenzar a escuchar, recibirse de médica Universidad de Buenos Aires (UBA) y hoy afronta el desafío de seguir atendiendo en medio de la pandemia.

Desde que le diagnosticaron hipoacusia neurosensorial bilateral, cuando apenas era una niña, Melisa se resistió a ir a un colegio para personas sordas e hizo la primaria y la secundaria en una escuela común. Si bien cuenta que le costó aprender, siempre estuvo acompañada de un equipo interdisciplinario y de su familia, quienes la ayudaron con la rehabilitación lingüística, la escritura y la comprensión. Melisa se resistía a aprender el lenguaje de señas: quería hablar.

Pero cuando cumplió dieciséis años, Melisa conoció la existencia de un dispositivo que cambiaría su vida por completo: el implante coclear. Pese a la resistencia del equipo fonoaudiológico y de sus padres, que aún no confiaban en esta novedosa tecnología auditiva, a los dieciocho años tomó la decisión de operarse.

“Al principio sentí incertidumbre y mucho miedo, pero era o todo o nada y yo fui por todo: me implanté los dos oídos”, cuenta Melisa que no exagera cuando dice que fue por todo, ya que, apenas unos meses después de la operación, comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires y empezó una relación amorosa.

“Cuando me encendieron los implantes MED-EL lo podía creer. Fue mucha emoción y mucha confusión porque no entendía nada. Fue como volver a nacer”.

AYUDARSE PARA AYUDAR A LOS DEMÁS

“Yo siempre supe que quería ayudar a los demás”, dice Melisa sobre por qué eligió la carrera de medicina. “Cuando empecé a estudiar en la universidad me costó, había muchísima gente y mucho bullicio. Pero siempre me sentaba adelante y mis compañeros me ayudaban a tomar apuntes. Con el tiempo me fui adaptando”, recuerda.

Entre algunas de las dificultades que se le presentaron cuando comenzó a realizar las prácticas hospitalarias, Melisa descubrió que no podía escuchar a través del estetoscopio. Es por ello, que tuvo que buscar un aparato que fuese apto para personas con implantes cocleares, además de seguir trabajando para aprender a escuchar el ritmo cardíaco y respiratorio. “Yo necesitaba poder escuchar el corazón”, dice.

A partir de su experiencia con las prácticas médicas y luego de haber presenciado un parto que, según sus propias palabras, fue “lo más hermoso del mundo”, Melisa tomó la decisión de seguir la especialidad de ginecología y obstetricia. Después de un largo camino, “Meli”, como le dice su familia, pudo obtener el título de médica y empezar a trabajar en un hospital.


TODO SE TRANSFORMA

Desde que tomó la decisión de implantarse, en el año 2000, la tecnología de los procesadores de audio de MED-EL ha ido evolucionando y Melisa ha podido disfrutar de las mejoras tecnológicas gracias a la compatibilidad de los nuevos procesadores de audio con su parte interna. Esto le permitió ir mejorando su audición y comenzar a diferenciar tonos y contrastes.

“Al principio, los primeros años después de haberme implantado, la tecnología era más rudimentaria y el sonido me llegaba como ‘robotizado’. Con el paso de los años, pude ir cambiando la parte externa del implante y ahora el sonido es más parecido a una música. Además, gracias a la calibración, puedo diferenciar distintas voces y tonalidades”, explica.


UN DESAFÍO MÁS

Hace seis meses que Melisa no ve a su familia y, a pesar de la pandemia, continúa trabajando. Pero, al igual que cuando hacía la residencia, la contingencia sanitaria la puso a prueba de nuevo con otra barrera comunicacional: el uso de barbijo y el distanciamiento social.

“Esta etapa es muy agotadora y cansadora, pero, aun en este contexto, sigo trabajando, entendiendo mis propias limitaciones y dando hasta donde puedo dar, sin poner en riesgo la vida de los demás”, dice Melisa, quien encontró en la telemedicina una salida segura para atender a muchas de sus pacientes y recomienda el uso de barbijo transparente o inclusivo, fundamental para que las personas sordas puedan comunicarse.

Después de haberse sometido a la cirugía de implantes cocleares, Melisa no solo pudo recibirse de médica, también viajó por todo el mundo, aprendió otros idiomas, conoció gente, aprendió a disfrutar de la música y se divierte con los dibujos animados, aquellos que no podía entender cuando era una niña. Pero ahora, después de haberse enfrentado al miedo y a los prejuicios, tiene un desafío más: quiere ser mamá.

Osde
Osde