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Infertilidad masculina

Según estudios científicos, en la última década hubo un aumento.

 

Socioculturalmente, existe el prejuicio de asociar la imposibilidad de tener un hijo con las dificultades que pueden presentarse en la mujer, ya sea por un tema biológico, psicológico o bien por su edad. Sin embargo, está probado que la infertilidad masculina tiene la misma incidencia que la del factor femenino, y que también la combinación de ambos puede actuar como variable. En IVI Buenos Aires, clínica especializada íntegramente en reproducción humana, se trabaja para que el anhelo de la paternidad se vuelva realidad, mediante los distintos tratamientos que existen.

El Dr. Fernando Neuspiller, director de IVI Buenos Aires, resalta que en la última década se observó un deterioro de la calidad del semen, cuyas causas aún están en estudio pero podrían estar vinculadas a un estilo de vida más tóxico, así como a ciertos fenómenos de contaminación ambiental. La conclusión es producto de un exhaustivo análisis llevado a cabo a partir de casi 120.000 casos reales abordados por IVI en Valencia y New Jersey, el cual arrojó un aumento del 9% en el riesgo de los hombres de precisar tratamientos de fertilidad para ser padres, pasando de un 12,4% en 2004 a un 21,3% en 2017.

“Existen varios factores que pueden afectar la capacidad reproductiva del hombre y por consiguiente dificultar la posibilidad de ser padre de una manera natural” afirma el Dr. Neuspiller. Entre ellos, un motivo puede ser la Azoospermia o ausencia de espermatozoides en las muestras de semen. Esta se puede dar por dos razones: la obstructiva es la presencia de un defecto en el conducto, que impide la salida de los espermatozoides; la otra razón se llama secretora y está relacionada con un defecto en la formación de las células sexuales masculinas que directamente implica la falta de producción de espermatozoides. En la azoospermia obstructiva se pueden recuperar espermatozoides hasta en el 100% de los pacientes, mientras que en varones con azoospermia secretora, el porcentaje ronda el 29%.

Como mencionábamos, existen diversas causas del diagnóstico de infertilidad masculina. El consumo de alcohol, de tabaco y otras drogas, así como la mala alimentación, afectan directamente sobre la producción de espermatozoides. Por ejemplo, una dieta pobre en antioxidantes (vitaminas E, A, C, B-12, carnitina, arginina, selenio, etc.) actúa negativamente sobre el ADN espermático. “Otro importante micronutriente es el folato, esencial en el desarrollo de las células germinales, entre otras funciones”, describe el Dr Neuspiller. Dentro de los malos hábitos alimentarios, la obesidad y el sobrepeso están relacionados con la disminución en la cantidad de espermatozoides producidos.

En relación al abanico de alteraciones sexuales y hormonales, así como de patologías relacionadas con el aparato urinario que pueden presentar los varones, y que en algunas parejas puede acompañar una condición adversa simultánea del factor femenino, es posible recurrir a distintas alternativas, de acuerdo a las características de cada paciente:

- Inseminación Artificial (IA). En este tratamiento se logra en el laboratorio una muestra de semen capacitada para introducir dentro del útero de la mujer.

- Fecundación in Vitro (FIV). Es una técnica que consiste en la unión del óvulo con el espermatozoide en el laboratorio – in vitro –, con el fin de obtener embriones ya fecundados para transferir al útero materno y que evolucionen hasta conseguir un embarazo. Esta instancia puede darse en combinación con el PGT-A (Preimplantation Genetic Testing), un análisis genético embrionario que se lleva a cabo durante el tratamiento de FIV para la detección de anomalías en el número de cromosomas.

- Donación de semen. Esta opción se aplica en las situaciones en las que no se pueden obtener espermatozoides y permite a las parejas – y a las mujeres que se plantean la maternidad sin pareja – lograr la concepción.

La infertilidad en los hombres suele afectar sus relaciones con los demás, la perspectiva de la vida, y el autoestima. “La manera de lidiar con estos sentimientos dependerá de la personalidad y experiencias de cada uno, pero es de central importancia que, al atravesar un tratamiento, se dé lugar a la charla entre la pareja, y también se considere la posibilidad de recurrir a algún tipo de terapia psicológica para acompañar el proceso” concluye la Lic. María Villamil de la Unidad de Apoyo Emocional de IVI Buenos Aires.

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