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Sordera e hipoacusia

Diferencias, diagnóstico y tratamiento.

 

Por: Dr. Santiago Alberto Arauz, Médico Otólogo y Neurotólogo en el Instituto Otorrinolaringológico Arauz y referente de MED-EL.

En el marco del Día Internacional de la Sordera, que se conmemora el 28 de septiembre, es importante definir en qué consiste esta enfermedad y marcar sus diferencias respecto a la hipoacusia, así como concientizar acerca de la relevancia de un diagnóstico a tiempo.

La distinción central entre la sordera y la hipoacusia es la intensidad de la pérdida auditiva: quienes padecen hipoacusia sufren una pérdida de audición de distintos grados que oscila entre los 25 y 65 decibelios (dB) y, por su parte, en las personas diagnosticadas con sordera la capacidad auditiva está dañada por encima de los 70dB. La pérdida puede ser de tipo conductiva (si el problema radica en el oído externo o medio), neurosensorial (cuando hay deterioro o ausencia de células sensoriales en la cóclea), mixta, y retrococlear (ausencia o deterioro del nervio auditivo).

A nivel mundial, el 5% de la población convive con algún grado de pérdida auditiva, mientras que en la Argentina la cifra es de alrededor del 8%, según el último Censo Nacional. Además, en nuestro país la discapacidad auditiva constituye el 18% de las discapacidades, correspondiendo un 86,6% a dificultades auditivas y un 13,4% a sordera.

Causas, sintomatología y detección

Comúnmente, se identifica la pérdida de audición como un signo de vejez, sin embargo, en las zonas urbanizadas, la transformación de los entornos laborales y sociales hace que cada vez más jóvenes – hoy, 1.100 millones, de acuerdo a datos de la OMS – estén expuestos a un riesgo cierto de daño auditivo, incluyendo el uso abusivo de teléfonos inteligentes, videojuegos y dispositivos electrónicos, además de la contaminación sonora ambiental generada fundamentalmente por el transporte. Enfermedades genéticas, complicaciones al nacer, ciertas patologías infecciosas, infecciones crónicas del oído y determinados medicamentos completan el grupo de factores causantes de la hipoacusia.

Entre los síntomas tempranos de hipoacusia se encuentran los zumbidos frecuentes y la auto-percepción de dificultades para captar ciertos sonidos. En el caso de los niños, son los adultos quienes deben identificar señales de alerta como no responder ante llamados o pedidos, presentar problemas para establecer de dónde viene un sonido, requerir con asiduidad que le repitan las consignas, malinterpretar órdenes o seguir instrucciones imitando a otros chicos y no por sí solo.

Los signos tempranos de hipoacusia ameritan la inmediata consulta médica. No obstante, y pese a que el 22% de los adultos admite no haberse hecho un chequeo auditivo en su vida, los controles de este tipo deberían formar parte de la rutina anual, ya que la detección a tiempo mejora radicalmente las posibilidades del tratamiento.

La tecnología, el gran aliado

Junto al diagnóstico temprano, los avances tecnológicos en materia de soluciones auditivas conforman las principales herramientas para quienes se enfrentan a un diagnóstico de hipoacusia. En la actualidad, existen todo tipo de soluciones para tratar las consecuencias de la pérdida auditiva, desde audífonos convencionales hasta dispositivos más sofisticados.

El implante coclear fue y sigue siendo el primer sustituto artificial del oído. Hoy, se realizan sistemas combinados de implantes auditivos de estimulación acústica eléctrica, implantes auditivos de tronco encefálico, así como otros dispositivos que ayudan a recuperar la audición. Por ejemplo, MED-EL, compañía que desarrolla soluciones auditivas propone un dispositivo de conducción ósea no implantable llamado ADHEAR, el cual sirve para recuperar la audición sin necesidad de intervención quirúrgica.

Más allá de los tratamientos disponibles, es la cultura preventiva la que permite optimizar las chances de efectividad y mejorar la calidad de vida social, laboral y personal de cada paciente.

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