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De Puño y Letra por Lape: El ejemplo de papá

El Día del Padre siempre es para mí un día especial, con emociones encontradas. Por un lado está la alegría de festejar con mi mujer y mis hijos (siempre juntos) y por otro la tristeza de extrañar al mío, que me dejó físicamente hace unos años.

Esta vez lo comencé cenando con la familia. Cuando llegamos a casa habían pasado 20 minutos de la medianoche. A mis hijos, Mica y Elvis, se les ocurrió repetir un ritual que no hacían desde que eran chiquitos: esperarme con un regalo que mandó a hacer Bochi, mi mujer: una banqueta con el logo de Lapeband, que me encantó y sin dudas me va a acompañar arriba del escenario en los próximos shows. El video del momento está en mi Instagram, por si lo quieren ver.

A pesar del disfrute que me genera pasar el día del padre con mis hijos, siempre me cuesta estar totalmente alegre. Es que no puedo evitar acordarme de Roberto, mi papá. Es muy difícil para mi admitir que ya no está. Aún lo sigo esperando por las tardes y cada domingo al mediodía, con el diario listo para leerlo juntos.

Mi papá fue (es) mi amigo, mi consejero, mi ejemplo de honestidad y de solidaridad. Mientras escribo lloro de tristeza, pero siento un tremendo orgullo por él. Vivió una batalla contra una larga enfermedad, en silencio y con entereza. Si soy divertido es porque tengo a quien salir. Si soy un enamorado de la familia es porque así me lo enseñó él. Aún tengo mucho que aprender de su ejemplo. Su frase de cabecera era “yo aquí estoy bien”.

Mi viejo no necesitó explicarme las cosas para que pudiera aprender. Él me enseñó haciendo. Era un tipo responsable al máximo con sus obligaciones, una persona amante de su país. Y por sobre todas las cosas un ser humano solidario que siempre le daba una mano al que más lo necesitaba.

Por suerte lo pude aprovechar. Lo extraño mucho, pero tengo la tranquilidad de sentir que hicimos mucho juntos en los últimos años. ¿Qué? Cosas simples, sencillas, sanas, como mirar a Boca juntos, tomar unos mates, charlar de la vida… esas actividades que nos unen con la gente que queremos y que hacen que los momentos parezcan eternos.

Ayer lo necesité más que nunca, porque quería un consejo suyo. A ustedes, amigos, aunque el Día del Padre haya pasado, les aconsejo no pierdan la oportunidad de poner esas cosas en práctica, todos los días. Los que todavía tienen a los suyos, disfrútenlos hoy y siempre. Y los que son papás, enséñenles a sus hijos con el ejemplo.

De Puño y Letra por Lape: El mejor oficio del mundo

La semana pasada, el 7 de junio, fue el Día del Periodista. Lo celebré trabajando e informando con una sonrisa, como siempre. Porque así lo exige este maravilloso oficio, el que elegí hace más de 30 años.

Estoy orgulloso de poder comunicar, de llegar a tu televisor, a tu radio, a tu computadora y a tu celular. Mis pasos siempre fueron cortos, pero seguros. Fui haciendo mi camino al andar. Pasé por todo lo que un periodista puede pasar. Aprendí en la calle, donde tengo los mejores recuerdos. Conocí a gente increíble, a la que sigo viendo. Puedo decir que “no me equivoqué”, porque no me arrepiento de nada.

Muchos chicos que recién empiezan a dar sus primeros pasos en este hermoso camino de contar historias me piden consejos. Me gusta. Siempre les aconsejo que no se mareen por el éxito repentino. El mayor éxito profesional es hacer lo que les gusta. Pero les digo que el verdadero éxito, ese que te llena de verdad como persona, es formar una familia. La vida está para vivirla y disfrutarla haciendo lo que amás y compartiéndolo con la gente que más querés. Yo voy en ese camino, con tu compañía.

Les dejo una foto con Roxy, mi gran compañera de Tempraneros. Con ella y el resto del equipo de TN deseamos generar todos los días actitud positiva; invitarlos a cumplir sus sueños. Ese es nuestro desafío cotidiano. Lo hacemos con honestidad y creo que eso traspasa la pantalla. Gracias por elegirnos cada mañana y por todos los mensajes cariñosos que recibimos. Gracias por ser amigos.

De Puño y Letra por Lape: La solución está en las raíces

Y sí. Las vacaciones, como todo lo bueno, alguna vez se terminan. Lo importante es disfrutarlas y mantener los recuerdos en el corazón. Para los que no saben, estuve una semana con mi familia en Italia.

Les dejo una foto de uno de los momentos más lindos. Estábamos en la terraza de Vaticano, desde donde se ve todo: donde descansa el papa Benedicto, donde Francisco sale a saludar a los fieles, la casa-circo de Nerón, las oficinas papales, la plaza y hasta de donde sale la fumata. Adentro nos encontramos con las bellísimas pinturas de Rafael de Urbino, pintor y arquitecto italiano del 1500; así también como unas cartografías donde ya en esa época, al sur de un país de América que todavía no existía, aparecía el nombre “Tierra del Fuego”.

Logramos llegar hasta allí gracias a uno de los privilegios de mi profesión. Quien está en el centro es monseñor Guillermo Karcher, responsable y uno de los jefes de ceremonial del Vaticano. Guillermo es argentino y trabaja al lado de los sumos pontífices desde hace 26 años. Un dato curioso: fue él quien acercó el micrófono cuando Francisco asumió su papado. Él nos llevó a recorrer la historia. Fue muy generoso.

Lo más lindo de todo es compartilo en familia. Muchas veces, cuando estoy metido en una de esas locuras de la vida cotidiana, trato de mirar las cosas con perspectiva. Y me doy cuenta que la solución a eso que me rompía la cabeza está más cerca de lo que pensaba. No está adelante, sino atrás, en nuestras raíces. Me refiero, claro, a nuestros afectos. Vínculos. La familia. Solemos caminar solo mirando al frente y nos olvidamos de quién tenemos al lado. Se trata, me imagino, del arraigo. De aferrarse al lugar propio, al origen.

Soy un tipo que disfruta mucho de los afectos. Y no puede vivir sin ellos. Mis afectos son mis raíces, los hilos por los que me nutro para seguir. Y son la tierra firme sobre la que me sostengo cada día. Eso sí: a las raíces hay que regarlas. Todos podemos hacerlo.

Pasaron otras vacaciones en familia. La felicidad plena. Por mi trabajo no los veo tanto como quiero. Es por eso que en estos momentos necesito de un beso, una sonrisa, de abrazo eterno. Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: Los 25 de TN

El 1 de junio, Todo Noticias cumplió sus primeros 25 años. Las bodas de plata… un cuarto de siglo. ¡Toda una vida! Para los que se perdieron los festejos, yo viajé a Rosario, recorrí varios puntos de la ciudad y volví a transmitir desde la calle, cerca de la gente, donde todo empezó para mí. La pasé genial en un lugar donde siempre me encuentro con mucho cariño.

Estoy orgulloso de haber estado en TN desde el inicio. Fui productor, cronista, movilero, conductor… Pasaron miles de coberturas; alegrías, tristezas; grandes amigos; algunas (pocas) decepciones; y mucho, pero mucho esfuerzo.

Siempre les cuento lo mucho que me cuesta encontrar tiempo y de lo mucho que sacrifico por el periodismo. El día no me alcanza, me cuestiono, sobre todo cuando se pasa la hora justa para hacer o decir algo; o cuando me veo obligado a resignar tiempo con mis afectos por el trabajo.

Si hablamos de frases cliché hay muchas que se pueden enumerar. Pero hay una que justamente viene al caso: “El trabajo dignifica”.

En mi caso particular, todos los días me levanto con ganas de ir a trabajar. Créanme que arranco muy temprano y que muchas veces cuesta, pero me considero un afortunado. Lamentablemente sé también que, muchas veces, las desigualdades, la falta de oportunidades o esa cuota de suerte que nunca parece llegar pueden hacer que el camino se haga más cuesta arriba y que uno tenga ganas de bajar los brazos. Es en ese momento en que hay que insistir con más ganas, con más esfuerzo y con más dedicación para lograr los sueños. Se los digo yo, que nunca tuve nada servido y hoy vivo el sueño de hacer lo que me gusta.

Es por eso que me gustaría rearmar la frase: si bien está claro que el trabajo dignifica, también lo hace el esfuerzo. Para triunfar en el trabajo, como en la vida, lo importante no es llegar primero. Para triunfar simplemente hay que llegar. Y para llegar hay que seguir adelante, sin flaquear, soportando y a la vez superando las interrupciones y cortocircuitos. Cuantas veces haga falta. Así de fácil, así de difícil.

Les dejo una foto que Bochi subió a su Instagram hace unos días. Es, justo, de hace 25 años, cuando esperábamos la llegada de Mica. Sin mi familia nada hubiera sido posible. ¡Gracias por estar!

De Puño y Letra por Lape: Compartir momentos

Los que todos los días se levantan con Tempraneros habrán notado que no estoy apareciendo. Los que me sigan en las redes sociales sabrán la razón. Al resto se lo cuento ahora: me fui de vacaciones. Amigos, les escribo desde la Costa Amalfitana, en Italia. Ayer estuvimos en la vieja ciudad de Pompeya, tapada por el volcán Vesuvio. Los paisajes son increíbles. Les comparto mi felicidad porque sé que disfrutan con nosotros. Siempre les voy a agradecer su generosidad con mi familia.

Cuando mi trabajo me lo permite, aprovecho para escaparme unas horas de la locura diaria para descansar en familia y disfrutar a pleno de mi mujer y mis hijos. Vivimos a mil todo el año, de un lado para el otro, sin tiempo, apurados, preocupados... De vez en cuando está bien parar la pelota. Las vacaciones no sólo sirven para darle un descanso necesario a nuestra cabeza de la rutina cotidiana, sino para conectarse con nuestros afectos más cercanos.

En vacaciones, las charlas son eternas y las preocupaciones son mínimas. En Salerno, por ejemplo, nos perdimos, pero lo que nunca perdimos es la sonrisa. Estar con mi familia es el equilibrio necesario para seguir. Pero escaparse a otro destino, aunque funcione bárbaro, no es la única forma de ponerlo en práctica. Ni para entenderlo: siempre digo que dar y recibir amor son tan necesarios como el alimento, el agua y el oxígeno que necesitamos para vivir. Saber que alguien nos espera, que se preocupa por lo que nos pasa, que se alegra de nuestras alegrías es lo mejor que nos puede suceder. Y los integrantes de nuestra familia, los que están siempre, también necesitan ese afecto.

El afecto es como la energía que fluye y se traslada de una persona a otra. Los gestos, las pausas, las sonrisas, un guiño de ojos o un suspiro son señales que se reciben del otro lado. Somos seres incompletos, necesitados de los demás, del reconocimiento, del cariño, del amor, de compartir un momento. Todos necesitamos de una sonrisa, de un abrazo, de un beso, de un llamado para poder seguir. Te lo dice un amigo.