A+ A A-

De Puño y Letra por Lape: Mis primeros 30 años en el periodismo

Hace unos días, el 14 de septiembre, se cumplieron 30 años de mis inicios en el periodismo. Para los que no saben, mi debut fue en radio América, con un reportaje a Bernardo Neustadt. Me citó en su casa un domingo a las 8 de la mañana. Llegué sin dormir. Estaba nervioso, claro. La noche anterior fue la más larga y no pude pegar un ojo. Más o menos lo mismo que me pasa ahora. Sí: tres décadas más tarde, sigo llegando con pocas horas de sueño al trabajo. Aunque esta vez es para despertarte con una sonrisa.

En estos 30 años pasó de todo. Estoy orgulloso de poder comunicar, de llegar a tu televisor, a tu radio, a tu computadora y a tu celular. Mis pasos siempre fueron cortos, pero seguros. Fui haciendo mi camino al andar. Pasé por todo lo que un periodista puede pasar. Aprendí en la calle, donde tengo los mejores recuerdos. Conocí a gente increíble, a la que sigo viendo. Puedo decir que “no me equivoqué”. Es que no me arrepiento de nada. Ni siquiera de ayudar a los ingratos. Creo que todos merecen su oportunidad.

Muchos chicos que recién empiezan a dar sus primeros pasos en este hermoso camino del periodismo me piden consejos. Me gusta. Siempre les aconsejo que no se mareen por el éxito repentino. El mayor éxito profesional es hacer lo que les gusta. Pero les digo que el verdadero éxito, ese que te llena de verdad como persona, es formar una familia. La vida está para vivirla y disfrutarla haciendo lo que amás y compartiéndolo con la gente que más querés. Yo voy en ese camino, con tu compañía. Gracias por estar.

De Puño y Letra por Lape: Sorpresa que nos regala la música

Empezar con el proyecto Lapeband fue una de las mejores decisiones que tomé en los últimos tiempos. Es cierto, le agregué una responsabilidad más a mi ya agitada vida personal y laboral, pero mi grupo de rockabilly me devuelve alegrías, con creces. La semana pasada, durante una mini gira por Santa Fe, Lapeband me regaló dos momentos mágicos, de esos que quedan para siempre en nuestra memoria. Y fueron, como a mí tanto me gusta, dos
sorpresas.

El primero ocurrió en Rafaela, minutos después de haber terminado el show que hicimos para ayudar a juntar fondos para LALCEC (Liga Argentina de
Lucha contra el Cáncer). Más de 600 personas disfrutaron durante una hora y media. Pero cuando nos estábamos sacando fotos con los últimos que quedaban en el enorme teatro Belgrano, una señora, un poco enojada, se me acercó y me dijo: "Yo los vine a ver para que cantes Juntos a la par y no lo hiciste…”. Miré a mis compañeros de banda y les dije: “Che, nos olvidamos de ese tema, ¿qué pasó? Traé la guitarra”. Y así fue que cantamos y cumplimos con la deuda, a media luz, en la intimidad de un escenario casi vacío. Fue para pocos. Y fue casi mágico.

El segundo fue en el aeropuerto de Paraná, hacia donde habíamos viajado en micro para volver a Buenos Aires. Como los vuelos estaban retrasados,
debimos pasar varias horas esperando. Muchas veces nos enojamos en esa situación, pero esta vez decidimos relajarnos. Y regalarle a los que la estaban pasando mal. Con los chicos sacamos la guitarra y el saxo, nos pusimos a cantar y la gente se empezó a acomodar alrededor. Fue impresionante, tocamos tres temas, aplaudían todos, cantaban, hacían coro. Tampoco lo vamos a olvidar. Porque las sorpresas son estímulos que nos alejan de la rutina. Son también un tesoro de la vida, un tesoro lleno de recuerdos guardados en nuestro corazón. Como siempre les digo, vale más un grato recuerdo que cualquier cosa material que uno pueda conseguir.

De Puño y Letra por Lape: Otras vacaciones en familia

Los que me sigan en las redes sociales se habrán enterado que me tomé unos días de descanso para irme de viaje con mi familia. Siempre nos vamos de vacaciones en septiembre, los cuatro juntos, pero esta vez decidimos adelantarlo porque Mica terminó con las grabaciones de Fanny la fan y también porque necesitábamos un descanso. Especialmente yo, que hace unos días tuve un pico de estrés muy fuerte. El nuevo programa y las presiones laborales de siempre me marcaron un límite y, como siempre, probé la mejor receta para superarlo: mi familia. 
 
Elegimos Barcelona e Ibiza, dos destinos a los que les teníamos ganas hace rato. Pero el destino nunca es lo más importante, sino estar juntos. Cada vez se nos hace más difícil coordinar por las actividades de cada uno, pero el vínculo familiar es muy importante para nosotros y eso siempre termina prevaleciendo. Agradezco haberme ido: necesitábamos estar juntos. Un poco de paz. El sol abrazador. Los mimos de la mujer que elijo hace 28 años. Los juegos con los chicos, que ya son grandes. Las sonrisas cómplices. El recuperar el tiempo perdido...
 
La pasamos bárbaro: con Elvis, mi hijo, siempre soñamos con conocer el estadio del Barcelona. El otro día, después de muchos años, por fin lo pude llevar. Fue una salida de hombres. Lo disfrutamos. Pero lo más importante fue el momento que pasamos juntos. Esos son eternos e irrepetibles. Volveremos a nuestro lugar. Cada uno con su rutina. Él a la facultad; yo al canal y a la radio. Pero siempre estará en nuestros corazones ese día que pisamos juntos el estadio.
 
Lo que estos viajes me siguen enseñando, como siempre les digo, es que hay que estar cerca de los afectos y disfrutar cada momento. La vida nos pasa a todos. Los instantes son lo único que tenemos. Se esfuman, pero quedan por siempre en tu memoria y en tu corazón. Te lo dice un amigo…

De Puño y Letra por Lape: Otro año más siendo amigos

 

Siempre digo que el tiempo es de las cosas más valiosas que tenemos. Hoy, el día de mi cumpleaños número 53, lo vuelvo a reafirmar. A mí, que me gustaría que el día tuviera 25 horas (¡como mínimo!), me costó mucho entender que siendo esclavos del tiempo no hay felicidad posible.

En el pasado éramos y en el futuro seremos. Pero hoy somos. Es hoy el tema. Es hoy cuando hay que disfrutar. Si hoy disfrutamos nuestro tiempo,
seguiremos disfrutando, porque hoy es el disfrute que anuncian la felicidad de mañana. Siempre pensamos que el tiempo es el que está por venir. Y tal vez nunca venga. Por eso, ocupemos el tiempo en aquello que nos haga felices.

La vida avanza, irremediablemente. Hay que disfrutarla, aceptarla. Se trata de un camino, a veces sinuoso, otras asfaltado, recto, con curvas, empedrado... lo importante es saber doblar, frenar a tiempo o acelerar en el momento justo. La vida es disfrutar del hoy con la familia, los amigos, los afectos. Gracias a todos por los mensajes tan generosos. Me ayudan a seguir caminando... gracias por ser mis amigos.

 

De Puño y Letra: No hay edad para crecer

Mi amigo Enrique Bianco me mandó este texto y la verdad que me sentí muy identificado con sus palabras. Lo quería compartir con vos: 

"Cuando yo era chico iba a un colegio que siempre nos invitaba cuando comenzaba el año a tener propósitos para mejorar a lo largo del año (llevarte bien con tus hermanos, no quejarse, ser puntuales, etc). Y bueno uno lo intentaba, a veces con éxito a veces no, pero estaba instalado ese deseo de superación, de pensar que podemos crecer.

Pero bueno, parece que alguien, no se quién dijo que eso no era así para toda la vida sino que hay un límite ¿y cuál es ese límite? Los 20, los 30, los 50, etc. Yo estoy convencido que esto es falso. No hay edad para crecer o para intentarlo. No nos puede quedar una etiqueta de lo que somos a determinada edad y nunca más cambiar.

Fijate lo que decía Cachito vigil: el desafío es crecer cada día un cm, un mm, una pulgada decía Cachito. Es decir pequeños cambios, progresos, Pienso en pequeñas cosas. A lo mejor no ser tan pesimistas e intentar empezar a ver aspectos positivos de las cosas que nos pasan. Ej: congestión de tránsito. Puedo tocar bocina e insultarme con el de al lado, o puedo ver belleza de los edificios, de los árboles. O a lo mejor si soy calentón o quejoso, ver si puedo quejarme un poco menos.

El problema pasa porque muchas veces uno se va encariñando con lo que es. Por un lado piensa que mucho no va a poder cambiar por la edad que tiene o peor, no está dispuesto a poner el trabajo que se necesita para cambiar.

Una buena noticia: no somos el pasado. Por supuesto el pasado es parte de nuestra vida y la alimenta con los buenos recuerdos y con el agradecimiento de lo vivido, cicatrizando también el dolor. Pero nuestro tiempo es hoy y lo que viene. Yo tengo 50, supongamos que vivo hasta los 85. Puedo pensar que los próximos 35 años voy a ser igual que ahora o puedo pensar que nada está escrito y puedo cambiar.

Esto no es un elogio al cambio, porque el cambio en si mismo no necesariamente es bueno, es la idea de estar dispuestos a cambiar lo que haya que cambiar y sostener lo que haya que sostener.

¿es posible? Claro que es posible. Y respondo con la clave para mí de todo este asunto. La clave es una palabrita simple TRATAR, todos los días tratar, aunque no lo logre, aunque me canse, porque esa actitud es la que nos salva del peligro de "durar" en la vida y estemos solo resistiendo los embates, en lugar de ir a buscarla aun sabiendo que podemos perder, como dice esa frase "siempre con el viento en la cara" y no esconderme en que no puedo".