No esperes a mañana para perseguir tus sueños

El sábado, bien temprano a la mañana, el micro en el que viajaban algunos de los músicos de LapeBand, mi grupo de rock, se accidentó en la autopista Córdoba-Rosario, cerca de la entrada a Bell Ville. Iban para Santa Rosa de Calamuchita, adonde esa misma noche teníamos que dar un show. Al parecer, el chofer se quedó dormido, el vehículo atravesó el guardrail y cayó a la banquina. Por suerte, fue solo un susto: si bien el baterista se rompió algunos dientes y la corista se golpeó fuerte en la cabeza, nadie corrió serio peligro. Igual, Guillermo, que toca la
armónica, tuvo que pasar la noche en un hospital por algunos traumatismos.

No les voy a mentir: tener que hacer el show fue muy duro. Por un lado seguíamos en shock por lo que había pasado; y por el otro estábamos pensando en Guille, que seguía internado. De todas maneras, recibir el cariño del público cordobés que se acercó a escuchar un poco de rockabilly nos dio fuerzas para sobreponernos al momento de dolor y tratar de brindar el mejor espectáculo posible.

Ya de vuelta en casa, me puse a pensar y me di cuenta de que estos golpes son también llamados de atención. ¿A qué? A darse cuenta de lo efímera que es la vida. Todo se puede terminar en un segundo. Hoy estás, pero mañana no lo sabés. Y ese pensamiento, aunque suene feo, nos tiene que servir de impulso para hacer cosas buenas, para cumplir nuestros sueños. Nuestro paso por el mundo es tan breve que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y evitar arrepentirse de lo que ni siquiera intentó. Tratemos de disfrutar cada segundo, de animarse a perseguir nuestros objetivos. Disfrutemos, amemos, vivamos bien. No esperemos
a mañana para hacerlo. Puede ser demasiado tarde.

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Nunca bajes los brazos

Siempre digo que la vida me deja enseñanzas con las historias que cuento en mi trabajo. Hace un par de semanas grabé un video de menos de cinco minutos para la página de Facebook de La 100. Decidí contar la historia de Marcelo, un remisero con el que viajé durante ocho años desde el canal a mi casa al terminar TN de Noche. Es que la de Marcelo es una historia de superación, de mirar la vida con optimismo a pesar de los contratiempos. Es una de esas que te dan aliento a seguir cuando todo parece oscuro.

Cuando lo conocí, Marcelo nos traía los diarios al canal. Era muy joven y muy humilde. Al tiempo empezó a trabajar como remisero, igual que su papá. Pero él ya tenía muy claro su objetivo: quería ser piloto de avión. Pese a tener todas en contra (ni su familia le tenía fe), se puso en campaña para lograrlo. Con los pocos pesos que ganaba manejando, Marcelo se pagaba cursos para aprender inglés, algo fundamental para estar en el aire. Estudió meteorología, porque sabía que era importante. Empezó las prácticas para ser instructor de vuelo y hasta consiguió un trabajo de medio tiempo en el aeropuerto de San Fernando para controlar a los pájaros que se meten en la pista. En vez de escuchar música, en el remis ponía grabaciones de aviones. No se quería perder ningún detalle.

Su insistencia me conmovió y decidí darle una mano: le llevé su currículum a un contacto que tenía en Aerolíneas Argentinas. Le tomaron una prueba y lo rebotaron, pero dejó una muy buena imagen. Insistió y se hizo controlador de vuelo. Con el tiempo dejó de manejar el remis y le perdí el rastro. Hasta que el año pasado, sentado en un vuelo que tomé de Buenos Aires a Nueva York, el piloto se anunció y dio su nombre. Y sí, era Marcelo, mi chofer.

Desde que fue publicado en el Facebook de La 100, hace dos semanas, el video con la historia de Marcelo ya suma más de 2 millones de reproducciones. Todavía me sigo sorprendiendo y emocionando por la gente que me escribe, conmovida, para agradecerme por haberla contado. Lo único que tengo para decirles, amigos, es que no bajen los brazos. Napoleón Bonaparte decía que “la victoria pertenece al más perseverante”. Y así lo creo. Nunca dejen de perseguir sus sueños.

Si viviste o conocés a alguien con una historia como la de Marcelo, te invito a que me mandes un mail a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. y me la cuentes.

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De puño y letra por Lape: La importancia de respetar al otro

Vivimos en tiempos confrontación. Basta prender el televisor y sintonizar cualquier canal para darse cuenta: discusiones por política, economía o hasta fútbol llenan horas de aire e influyen en nuestro humor. Los medios, se sabe, son espejos de lo que sucede en la sociedad. Por eso no sorprende ver a dos personas peleando en una esquina por un incidente de tránsito. O a una familia dividida por la famosa grieta. Bueno, dejame decirte que no vale la pena: el otro siempre va a ser más importante que una idea, unos pesos o un equipo de fútbol. Y creeme que pensar así, a la larga, es lo mejor para todos.

Nadie niega que todos tenemos problemas. La vida de hoy es complicada. Y lo sé, porque día a día, gracias a mi trabajo, llego a conocer las historias de argentinos que la pasan mal de verdad. Pero muchos de ellos deciden poner al otro por encima de sus líos y demuestran que la tolerancia es el único camino para mejorar como sociedad. Sentarse. Mirarse a la cara. Hablar. Escucharse. Intercambiar ideas, pero sin agresión.

Una de las frases que usé en mi libro “Prende el optimismo” y que siempre me gusta recordar expresa muy bien la idea del respeto como el único camino para progresar juntos. Es del Dalai Lama: “Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo nacen de una actitud de aprecio por los demás”. Creo firmemente que un gesto, una sonrisa, un saber parar antes de que la discusión deje marcas indelebles son señales que se reciben del otro lado. Hacerlo a tiempo puede ahorrarnos muchos disgustos. ¿Y si intentamos ponerlo en práctica?

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