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De Puño y Letra por Lape: Momentos para bajar un cambio

Hay veces que no puedo con mi genio. Trabajo y me exijo demasiado. Lo sé. Tengo que parar, bajar un cambio, entender que ya cumplí mis mayores metas, que los años pasan y ahora puedo dedicarle más tiempo a mi familia, a mis amigos, a la música, al deporte… Me lo dicen todos, pero me cuesta tanto…

 

En un punto, creo que se trata de encontrar un equilibrio. Y si bien sé que debería parar un poco la pelota, por dentro siempre sé que tengo algunas horas libres los fines de semana para desconectarme y tender mis cables a tierra.

 

Estar en mi casa tomando mate descalzo, leyendo el diario o limpiando la pileta me permite conectarme conmigo mismo y me da felicidad, un placer difícil de explicar. Por más sencillas que sean esas actividades, me protegen frente a la agitación cotidiana que suele atraparnos y en la que solemos caer presos.

 

A veces miro el agua de la pileta y me olvido de todo y de todos. Es como cuando estoy arriba del escenario: me transporto a otra dimensión. Es mágico, como una regresión necesaria a mi infancia, cuando era normal jugar descalzo con una manguera y mojarme los pies. 

 

Se los digo siempre, pero lo tengo más claro que nunca: si no fuera porque me hago un tiempo para disfrutar de esas pequeñas escenas cotidianas, todo se me haría cuesta arriba. Por eso te recomiendo que, si aún no tenés alguno, busques el momento para tender tu propio cable a tierra. Está bueno parar unos minutos, relajarse, mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y seguir avanzando. Después me contás.

De Puño y Letra por Lape: Personas que dejan huellas

La semana pasada nos tocó despedir a Dani Nirenberg del equipo de Atardecer de un Día Agitado. Nuestra hermosa locutora.

 

Dani se había sumado al programa hace dos años. No es nada fácil entrar al programa más escuchado de las tardes en nuestro país, en una emisora como La 100. Pero ella siempre tuvo las cosas claras y un talento enorme.

 

Con el tiempo aprendí a conocerla. Hoy puedo decir que gané una amiga: con ella puedo hablar, escuchar, reclamar y disentir, pero siempre respetando las posiciones personales. Ella sabe cómo estoy con solo mirarme. 

 

Dani decidió emprender otro camino, que seguro será con éxito. La despido con emoción, alegría y la sensación de que esto es solo un “hasta luego”. 

 

Así somos en Atardecer: informamos, generamos actitud positiva y te sacamos una sonrisa. Trabajamos felices, porque somos un grupo de amigos que ama lo que hace y estoy convencido de que la alegría se transmite. Esa es la fórmula de nuestro éxito. ¡Gracias por estar y ser amigos!

De Puño y Letra por Lape: Seguir cumpliendo sueños

En estos últimos días, con una semana de diferencia, viví dos situaciones que me hicieron pensar en mi camino recorrido.

El sábado pasado 9 volví a estar entre los nominados a mejor conductor de radio y Atardecer peleó por el premio de mejor programa. No gané, es cierto. Pero la verdad es que, en un punto, sí lo hice. Suena raro, ¿no?

Así lo pienso: entré en los medios hace 30 años, como productor de radio del programa de Bernardo Neustadt. Mientras tanto, despuntaba el vicio del micrófono en radios comunitarias. Practicaba, aprendía y soñaba con estar alguna vez ternado al Martín Fierro. Despertarte cada mañana o acompañarte en el regreso. Muchos años después, lo logré.

Y aunque no gané el premio, en el recorrido sí gané experiencia, buenos momentos, grandes amistades y el cariño de la gente. Aprendí, acepté, formé una hermosa familia... Y gracias al destino, a la perseverancia, al trabajo de todos los días y al enorme esfuerzo de la producción, llegamos a ser el programa más escuchado de las tardes en todo el país. Formamos un gran equipo y ganamos cada tarde teniéndote a vos del otro lado.

Una semana más tarde, el último domingo, mi trabajo me recompensó con creces y pude cumplir otro sueño: con Lapeband tocamos para Mirtha Legrand y sus invitados en la pantalla de El Trece.

¿Cuánto hace que nos conocemos? ¿15 años? ¿20? ¿30? Ya sea en radio, televisión o un escenario, vos sabés que siempre soy el mismo. Con mis aciertos y mis errores, me muestro tal cual soy. Creo que ser transparente es la única forma de traspasar la pantalla.

De aquel chico que a los 14 años soñaba en Banfield con colgarse la guitarra para alegrar a la gente al programa de Mirtha Legrand... soy feliz. ¡Te lo quería contar!

De Puño y Letra por Lape: La medida de la vida

¿Cómo se mide la vida? No se mide por puntos, como si estuvieses en un juego. No se mide por la cantidad de amigos ni por cómo te miran o te aceptan los demás. No se mide según los planes que tengas para el fin de semana o si el único plan es quedarse solo en casa. Tampoco según con quién salís, con quien saliste o por el número de personas con las que estuviste. Ni si nunca saliste con nadie.

 

La vida no se mide por tu fama ni la de tu familia; no se mide por el dinero que tenés en el banco. La vida no se mide ni por la marca de tu ropa ni por la del auto que manejás. No se mide por el lugar en el que estudiás o trabajás. 

 

La vida es mucho más que todo eso. Se mide según a quién amás o a quien lastimás. Se mide según la felicidad o la tristeza que uno puede llegar a causarle a la otra persona. Se mide con los compromisos que uno cumple. José de San Martín solía decir que no se puede prometer lo que no se puede o deba cumplir.

 

La vida se mide a través de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma. Se trata de lo que uno dice, pero más de lo que uno hace. De dar y de recibir.

 

Si hay algo que nunca me perdonaría es ser falso. Siempre he creído que la clave del éxito está en que uno tiene que ser igual delante de una cámara, el micrófono de la radio, en la calle, en el gym o en casa. No sos distinto, ni más ni menos que nadie, por ser conocido. Sos el mismo, con tus alegrías y tristezas. 

 

Solo vos elegís la manera en la que vas a afectar a las otras personas. De esas decisiones, amigos, se trata la vida.

De Puño y Letra por Lape: Cumpliendo sueños

En estos últimos días, con una semana de diferencia, viví dos situaciones que me hicieron pensar en mi camino recorrido.

El sábado pasado 9 volví a estar entre los nominados a mejor conductor de radio y Atardecer peleó por el premio de mejor programa. No gané, es cierto. Pero la verdad es que, en un punto, sí lo hice. Suena raro, ¿no?

Así lo pienso: entré en los medios hace 30 años, como productor de radio del programa de Bernardo Neustadt. Mientras tanto, despuntaba el vicio del micrófono en radios comunitarias. Practicaba, aprendía y soñaba con estar alguna vez ternado al Martín Fierro. Despertarte cada mañana o acompañarte en el regreso. Muchos años después, lo logré.

Y aunque no gané el premio, en el recorrido sí gané experiencia, buenos momentos, grandes amistades y el cariño de la gente. Aprendí, acepté, formé una hermosa familia... Y gracias al destino, a la perseverancia, al trabajo de todos los días y al enorme esfuerzo de la producción, llegamos a ser el programa más escuchado de las tardes en todo el país. Formamos un gran equipo y ganamos cada tarde teniéndote a vos del otro lado.

Una semana más tarde, el último domingo, mi trabajo me recompensó con creces y pude cumplir otro sueño: con Lapeband tocamos para Mirtha Legrand y sus invitados en la pantalla de El Trece.

¿Cuánto hace que nos conocemos? ¿15 años? ¿20? ¿30? Ya sea en radio, televisión o un escenario, vos sabés que siempre soy el mismo. Con mis aciertos y mis errores, me muestro tal cual soy. Creo que ser transparente es la única forma de traspasar la pantalla.

De aquel chico que a los 14 años soñaba en Banfield con colgarse la guitarra para alegrar a la gente al programa de Mirtha Legrand... soy feliz. ¡Te lo quería contar!

Osde
Osde