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De Puño y Letra por Lape: Escenas de cuarentena

Estos días me está tocando trabajar en casa. Y no me refiero a mis salidas en Tempraneros, Noticiero 13 y Atardecer. Acá en Banfield, mi jefa es Bochi. Y no saben lo exigente que es…

 

Cada uno aporta lo suyo para aprender esta nueva rutina de cuarentena. Cocina, jardinería, algún arreglo postergado y sobre todo la limpieza y la desinfección son partes importantes de este aprendizaje.

 

Estamos incorporando la costumbre de prestarle atención a cosas a las que antes no mirábamos tanto, como los picaportes o los aparatos electrónicos para prevenir todo tipo de virus y bacterias.

 

Lo importante es divertirnos juntos limpiando, con los aliados en estos tiempos: “Trapo y lavandina”. Pueden ver los videos en Instagram con nuestros intercambios interesantes.

 

Me imagino que ustedes hacen lo mismo, ¿no? Es que en definitiva, la nuestra es una familia normal, como la de ustedes, con todas nuestras virtudes y nuestros defectos. Y esta cuarentena, por más inconveniente que sea para todos, al menos nos da un tiempo para pasar con los que más queremos.

 

Bochi, Elvis y Mica son mi equilibrio necesario para seguir. La vida avanza y cada vez tenemos menos tiempo. Aprovechemos que nos tenemos que quedar en casa para disfruten de sus seres queridos a cada momento. Jueguen, entrenen, limpien y cocinen juntos. Pasen tiempo de calidad. Se los dice un amigo.

De Puño y Letra por Lape: Cuidarnos entre todos

Y pensar que yo les decía que se tenían que quedar en casa, que se cuidaran, que no salieran... Mientras tanto, yo seguía cumpliendo con mi maratón diaria: Tempraneros, Noticiero 13, Atardecer… todo el día trabajando para llevarles las novedades de este virus que paró al mundo.

 

A veces uno se siente súperpoderoso. Yo sufro de crisis agudas asmáticas. Como es algo que tengo medianamente controlado, pensé que no era paciente de riesgo. Sin embargo, hace unos días el médico neumonólogo me golpeó fuerte el corazón confirmándome que sí, que lo soy.

 

El virus ataca directamente al pulmón. Por eso me tengo que quedar en cuarentena, en casa. Seguiré saliendo en la tele y en la radio, desde la parrilla del quincho de mi casa, donde me instalé un estudio improvisado. También vamos a seguir en contacto por acá, por Instagram, por Twitter y por Facebook. Porque los quiero, no los abrazo.

 

Es un momento difícil, complicado, donde todos somos responsables de nuestro camino y nuestro destino. Vamos a cuidarnos entre todos y juntos vamos a superar este momento. Vencer a este virus mortal depende de nosotros. Yo me quedo en casa. Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: Ser feliz con lo que tengo

Los seres humanos somos inconformistas por naturaleza. Siempre estamos persiguiendo algo que nos parece inalcanzable. Creo que el gran desafío de nuestro tiempo es lograr ser felices con lo que tenemos. Algo de eso estoy escribiendo para mi próximo libro, del que ya irán teniendo nuevos detalles…

 

Les cuento lo que me pasa mí, en un momento muy particular de mi vida laboral: paso casi 10 horas en el aire a diario. Además, conduzco eventos, hago publicidades, le dedico tiempo a mis redes sociales… Todo me apasiona, pero nada me conforma. Hago más, más y un poco más todavía…

 

Por suerte, tengo algunos cables a tierra que por un rato me permiten olvidarme de todo, detener el tiempo y ser totalmente feliz. Uno es Lapeband. 

 

Mi banda de rock me hace vivir momentos únicos, irrepetibles, soñados desde que era un pibe. Subir a un escenario y tocar con mis amigos de la vida la música que amamos. Si uno es perseverante, tarde o temprano los sueños se cumplen. 

 

Hace unos días tocamos en el Espacio Clarín de Mar del Plata ante más de 30 mil personas. Hubo nervios, claro. Ansiedad. Hubo que salir al escenario, ahí donde se ven los pingos. Una vez arriba me acuerdo de que todo vale la pena. Ahí el tiempo se detiene. Hacemos lo que nos gusta, lo disfrutamos. Y eso, como siempre, se transmite. Ahí siempre soy feliz con lo que tengo. Te lo dice un amigo.

De Puño y Letra por Lape: Aprecio por los demás

Vivimos días críticos. Inéditos. Difíciles. El brote mundial del coronavirus nos agarró a todos por sorpresa y nos dejó asustados, desconcertados, sin entender lo que está pasando.

 

El planeta, ese planeta que siempre siguió girando sin importar lo que ocurriera, esta vez parece haberse detenido por completo. Gobiernos tomando medidas drásticas pero necesarias. Comunidades enteras recluidas en sus casas para esconderse de una pandemia que no se puede ver, pero que enferma a casi cualquiera con el que se cruza. El sistema sanitario global y la vida de millones de personas, en riesgo. 

 

Argentina también está afectada. El Gobierno empezó a tomar medidas que fomentan el aislamiento, en línea con lo que recomiendan los expertos. 

 

¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar? Lo que dicen todos: quedarnos en casa, evitar el contacto con otras personas, lavarnos las manos, no tocarnos la cara…

 

Es importante que todos colaboremos para frenar el contagio y cuidar a la población de riesgo. El respeto por el otro es el único camino para mejorar, salir cuanto antes de esta crisis y volver a vivir nuestra vida de siempre.

 

Hay una frase que usé en mi libro “Prende el optimismo” y que siempre me gusta recordar. Es del Dalai Lama: “Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo nacen de una actitud de aprecio por los demás”. Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: Las raíces del bambú japonés

Quiero contarles la historia del bambú japonés. Quizás algunos ya la conozcan. Incluso yo le contado hace muchos años, pero siempre está bueno volver a repetirla por el mensaje que transmite.
 
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de una buena semilla, buen abono, buen riego y algo de paciencia. Con el bambú durante los primeros meses no pasa nada. Durante los primeros años, tampoco: pueden pasar hasta siete sin ver ningún resultado.
 
Más de cultivador inexperto se habrá desanimado y convencido de haber comprado semillas infértiles después de regar, regar y regar durante años sin ver ningún brote.
 
Pero para ver al bambú japones nacer uno tiene que ser paciente y esperar siete años. Mirá este dato: en un período de solo seis semanas después de germinar, la planta del bambú crece 30 metros. Sí, leíste bien: en seis semanas, 30 metros.
 
En realidad, no fueron solo seis semanas. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que iba a tener después.
 
En la vida muchos tratamos de encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados sin entender que el éxito es el resultado del crecimiento interno. Y el crecimiento requiere tiempo. Sí, como el bambú japonés. Te lo dice un amigo. 

Osde
Osde