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De Puño y Letra por Lape: Así superé mi timidez

Si yo les contara que durante la época de la secundaria en el ENAM de Banfield no podía hablar delante de mis compañeros porque no me salían las palabras, ¿ustedes me creerían? Porque es verdad. Aunque cueste creerlo, yo era muy tímido.

Estaba preparado, había estudiado, conocía los temas cuando me llamaban al pizarrón. Pero no podía decir nada en voz alta. Me temblaba todo el cuerpo, transpiraba, no me salían las palabras. Tenía pánico escénico. Para colmo, como un chico criado en el Interior recién llegado a Buenos Aires, mis compañeros se burlaban de mi acento. Esa piedra en el camino entorpecía mi deseo de estar ligado a la comunicación. Y mi desafío, claro, era vencer a ese enemigo silencioso.

¿Cómo superé este inconveniente? Con actitud. No sabía en ese momento qué era esto de la actitud, pero tenía en claro que si continuaba con esos miedos paralizadores, nunca podría seguir paso a paso en busca de mi sueño. Entonces, probando, empecé a practicar textos de viejos programas de televisión frente al espejo. Me soltaba, me aventuraba a lo desconocido, a reconocer mi voz. Podía hablar, preguntar, responder, reclamar, cantar… Hasta me animé a grabar posibles programas de televisión con una camarita casera. Esos ejercicios me ayudaron mucho. Los hice solo, sin ayuda de nadie. Y, así de a poco, me fui soltando frente a mis compañeros y amigos.

¿Qué pasa cuando un bebé comienza a dar sus primeros pasos? Se cae. Se levanta. Se vuelve a caer. Hasta que un día ya no se cae más.

De Puño y Letra por Lape: Lo mejor que tenemos

Algunas horas atrás, en pleno 9 de Julio y a 201 años de nuestra independencia, me puse a pensar en nuestro país y en las cosas que nos hacen falta para crecer como comunidad. Pero con el correr de los minutos me di cuenta de que quizás no hay que enfocarse en nuestras carencias, sino en lo bueno que tenemos y en cómo crecer a partir de ello. Sí, soy un optimista…

A mí, que tuve la suerte de crecer entre Banfield y Tucumán y que recorrí casi toda la Argentina gracias a mi trabajo como cronista de los noticieros de El Trece y TN al querido Prende y Apaga, nunca me va a dejar de sorprender la solidaridad de nuestro pueblo. Ahí radica nuestra fuerza como sociedad y a partir de allí tenemos que construir. Sin dudas que la solidaridad es una virtud. Estoy convencido de que el argentino es solidario. Y tenemos que estar orgullosos por este rasgo nuestro. A pesar de que a veces veamos en el otro un egoísmo, sé que dentro de ellos anida un espíritu sano.

Las experiencias que viví como movilero despertaron en mí afecto, comprensión, apoyo, compasión y empatía por el dolor ajeno. Tengo la suerte de ser escuchado a través de un micrófono, ya sea en radio o en televisión, por mucha gente, y esto me genera una mayor responsabilidad y la necesidad de utilizar ese poder para generar ayuda. No hay que ser millonario para ayudar. Dar no es regalar lo que nos sobra, sino entregar lo que el otro necesita: a veces tiempo, a veces amor. Es no mirar para otro
lado. La solidaridad, además, contagia. Y multiplica. Vayamos por ese lado. ¡Feliz cumple, Argentina!

De Puño y Letra por Lape: El sueño del pibe

Siempre les digo que peleen por sus sueños. Que junten coraje para perseguirlos. Yo soy un gran soñador, a veces en exceso. Pero logré cumplir muchos de ellos. La mayoría, claro, llegó en base a esforzarme muchísimo, a pelearla y nunca rendirme ante las adversidades. Esos, claro, son los que más se disfrutan. Pero el domingo cumplí uno casi sin intentarlo: me calcé la azul y oro y pateé un poco la pelota en el pasto de La Bombonera en la tarde que Boca salió campeón.

 

Es cierto, no soy Benedetto ni Gago (debo admitirlo, nunca fui un gran jugador). De hecho, fui invitado por el club a participar de las actividades. La pasé bárbaro y cumplí el sueño de todo hincha xeneize. Pero lo más lindo lo viví más tarde, en la tribuna: ahí, cuando festejaba el título abrazado a mi hijo Elvis, me acordé de mi papá. Fue como en los viejos tiempos, cuando él me llevaba a la cancha ¿Como olvidar esos momentos? 

 

Nunca olvidaré esa hermosa liturgia de salir, preparar bolsos, gorra y conjeturaren el camino sobre lo que iba a pasar en el partido. El domingo, en el auto, con Elvis hablábamos de lo mismo. Y estoy seguro de que éramos tres. reímos porque mi papá, su abuelo, se también reía con nosotros. Desde algún lugar. Desde alguna estrella.

 

De Puño y Letra por Lape: Te lo dice un amigo

Algunos años atrás, en aquellas largas y solitarias noches frente a la cámara de TN de Noche, bastante antes de que tomara forma el Prende y Apaga, se me ocurrió empezar a llamar “amigos” a quienes me bancaban del otro lado de la pantalla. ¿Quiénes iban a estar peléandole al sueño y escuchándome dar las noticias a esa hora, tan tarde? Sí: solo mis amigos.

A lo largo de nuestro recorrido existen seres por fuera de la familia que pasan a ser parte fundamental de nuestra vida. Seres que elegimos, por afinidad, por afecto. Los que nos ayudan a consolidar nuestras raíces y nos alimentan. Con ellos no hay secretos ni excusas, ellos son los que nos entienden. Un amigo no te envidia, un amigo comprende. Un amigo disfruta con tus éxitos. Un amigo no te abandona en tu fracaso. Un amigo es aquella persona que sabe todo de vos y te quiere tal cual sos, sin pedirte nada a cambio.

Estoy convencido de que no es posible tener una vida feliz sin amigos. Me parece fundamental para nuestro desarrollo, para nuestro crecimiento como seres manos. La amistad no se impone, no se programa. La amistad está. Es cierto que el concepto de la misma se va transformando: no es el mismo el que podemos tener cuando somos adolescentes al que invocamos de adultos. Luego de mucho andar, uno entiende que con los amigos compartimos todo: los buenos y los malos momentos. Y no hace falta estar todo el tiempo juntos para comprenderlo. A veces, una charla, un asado, unas vacaciones o simplemente un llamado telefónico sirven para volver a acercarse. Hacelo. Te lo dice un amigo.

De Puño y Letra por Lape: Así pasé el Día del Padre

Este último domingo que pasó fue un día especial, igual que todos los días del padre. Les cuento cómo arrancó el mío: el sábado, después de cenar, llegamos todos juntos a casa. Era casi la medianoche. Me puse el pijama y cuando estaba a punto de ver una serie, Silvia, mi mujer, y mis dos hijos me regalaban una señal, una sorpresa, un abrazo y una sonrisa… No hace falta más. “Siempre juntos” es nuestro lema.

Yo, que perdí a mi viejo hace algunos años, trato de recordarlo con alegría y hacerle honor educando a Mica y a Elvis como él me enseñó: con el ejemplo. Porque Roberto, mi papá, no necesitó explicarme las cosas para que pudiera aprender. Él me enseñó haciendo. Era un tipo responsable al máximo con sus obligaciones, una persona amante de su país. Y por sobre todas las cosas un ser humano solidario que siempre le daba una mano al que más lo necesitaba.

Aprendí mucho de él. Y por suerte lo pude aprovechar. Lo extraño mucho, pero tengo la tranquilidad de sentir que hicimos mucho juntos en los últimos años. ¿Qué? Cosas simples, sencillas, sanas, como mirar a Boca juntos, tomar unos mates, charlar de la vida… esas actividades que nos unen con la gente que queremos y que hacen que los momentos parezcan eternos. Aunque el Día del Padre haya pasado, les aconsejo no pierdan la oportunidad de poner esas cosas en práctica, todos los días. Los que todavía tienen a los suyos, disfrútenlos hoy y siempre. Y los que son papás, enséñenles a sus hijos con el ejemplo. Te lo dice un amigo.