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De Puño y Letra por Lape: lo que trato de enseñarles a mis hijos

Unas horas atrás, mi hija Micaela cumplió 24. Ya les he hablado sobre ella. A los que no la conocen les cuento que es loquita, divertida, estudiosa, responsable, perseverante, amiga, hija compañera de running, de viajes, pastelera, exigente... En definitiva, ella (y su hermano Elvis) son mi gran orgullo. Porque ahora, que son mayores, noto emocionado que crecieron siendo buenas personas y que aprendieron de la ruta que traté de marcarles con Silvia desde que son chicos. La ruta para que siguieran mis pasos, los pasos de mis padres...

Si hay algo que trato de enseñarles a mis hijos es que sean buenas personas. Que sean solidarios. Que ayuden al que ayuda. Que den al que necesite. Que respeten, que protejan. Que disfruten las pequeñas cosas, porque todos los días pueden ser felices con lo que tienen, sea poco o mucho. Que se diviertan. Que canten aunque desafinen. Que bailen aunque no sepan. Que no se arrepientan de lo que no hacen, simplemente que hagan lo que está a su alcance. Que se equivoquen, porque se pueden reparar los errores. Que la felicidad está en ellos, no afuera. Con el ejemplo, más que con palabras, fui marcándoles el camino que creía correcto. Y estoy orgulloso.