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De Puño y Letra por Lape: El discurso más breve de la historia

¡Hola, amigos! Les quiero contar una historia. Sir Winston Churchill era un alumno con problemas. Para sus compañeros de colegio era sencillamente un fracasado. Nunca estudiaba, y si lo hacía no entendía lo que explicaban los profesores. Repitió tres veces octavo grado, simplemente porque le costaba aprender. Pero Churchill, que pasó a la historia por ser uno de los más grandes líderes estratégicos de la Segunda Guerra Mundial, siempre fue un perseverante.

Muchos no conocen que está vinculado a una de las más grandes derrotas de Inglaterra en la Primera Guerra, como lo fue el desembarco de Galípoli. Esto lo podría haber alejado para siempre de su carrera política y militar, pero no desistió. Aquel chico al que tanto le costaba entender, con el paso del tiempo, cayéndose y levantándose cuantas veces hizo falta, se convirtió con el tiempo en estadista, escritor, historiador y militar, conocido por sus grandes discursos y su brillante oratoria. Él perseveró, aprendió de sus errores y, 25 años después, fue elegido primer ministro británico. ¡Hasta fue premio Nobel de Literatura en 1953!

Como si fuese una ironía del destino, aquel que no podía aprobar octavo grado tuvo un día su revancha: lo invitaron a la Universidad de Oxford para pronunciar un discurso en la fiesta de egresados. Llegó con paso lento y en medio de una lluvia de aplausos, acompañado por su inseparable bastón. Subió al escenario, colocó su sombrero sobre el atril, miró a la audiencia y dijo: ͞¡Nunca se rindan!͟. Pasaron unos segundos en silencio y volvió a repetir esa frase que encierra tanto. Hizo una reverencia y se fue. Para sorpresa de todos, su alocución había terminado. Con solo seis palabras (en inglés), fue el discurso más breve y elocuente en la historia de la universidad. Es que eso era todo lo que tenían que saber los egresados sobre su éxito.