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De Puño y Letra por Lape: ¿Hay que esperar a la suerte?

Poca gente conoce la historia de Grahan McNamee. Es una de mis preferidas. Allá por la década del ‘20, Graham era un joven y desconocido cantante de ópera que vivía frustrado porque no conseguía trabajo como intérprete. Se ganaba la vida como empleado en el Tribunal de Justicia de Nueva York, pero sufría por no poder dedicarse a su gran pasión.

Un día, aburrido en el trabajo, notó a través de su ventana que en la calle estaban instalando un cartel. Intrigado, salió y les preguntó a los obreros qué significaba lo que se veía allí escrito. Eran las siglas de una emisora de radio, un medio de comunicación (por entonces) desconocido para la gran mayoría de la gente. A Graham, entonces, se le ocurrió que a lo mejor necesitaban algún cantante. Golpeó las puertas de la oficina, habló con el director de la radio y se ofreció a mostrar su voz al aire. Pero le dijeron que no: no necesitaban cantantes.

El tema es que Graham era curioso y perserverante por naturaleza. Pidió entonces ver las instalaciones de la radio y, cuando caminaban hacia el estudio, el director se percató de su llamativa voz. ¡Justo necesitaban un nuevo locutor! Nuestro personaje del día hizo la prueba y, 20 minutos después, comenzaba una de las más notables y destacadas de la radiofonía de Estados Unidos: la suya. ¡Hasta entró en el salón de la fama de EE.UU!

¿Fue “un tipo de suerte”? Bueno, puede ser. Pero en realidad su ánimo era positivo y sirvió como un imán para atraer una situación beneficiosa para su futuro.