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De Puño y Letra por Lape: La solución está en las raíces

Y sí. Las vacaciones, como todo lo bueno, alguna vez se terminan. Lo importante es disfrutarlas y mantener los recuerdos en el corazón. Para los que no saben, estuve una semana con mi familia en Italia.

Les dejo una foto de uno de los momentos más lindos. Estábamos en la terraza de Vaticano, desde donde se ve todo: donde descansa el papa Benedicto, donde Francisco sale a saludar a los fieles, la casa-circo de Nerón, las oficinas papales, la plaza y hasta de donde sale la fumata. Adentro nos encontramos con las bellísimas pinturas de Rafael de Urbino, pintor y arquitecto italiano del 1500; así también como unas cartografías donde ya en esa época, al sur de un país de América que todavía no existía, aparecía el nombre “Tierra del Fuego”.

Logramos llegar hasta allí gracias a uno de los privilegios de mi profesión. Quien está en el centro es monseñor Guillermo Karcher, responsable y uno de los jefes de ceremonial del Vaticano. Guillermo es argentino y trabaja al lado de los sumos pontífices desde hace 26 años. Un dato curioso: fue él quien acercó el micrófono cuando Francisco asumió su papado. Él nos llevó a recorrer la historia. Fue muy generoso.

Lo más lindo de todo es compartilo en familia. Muchas veces, cuando estoy metido en una de esas locuras de la vida cotidiana, trato de mirar las cosas con perspectiva. Y me doy cuenta que la solución a eso que me rompía la cabeza está más cerca de lo que pensaba. No está adelante, sino atrás, en nuestras raíces. Me refiero, claro, a nuestros afectos. Vínculos. La familia. Solemos caminar solo mirando al frente y nos olvidamos de quién tenemos al lado. Se trata, me imagino, del arraigo. De aferrarse al lugar propio, al origen.

Soy un tipo que disfruta mucho de los afectos. Y no puede vivir sin ellos. Mis afectos son mis raíces, los hilos por los que me nutro para seguir. Y son la tierra firme sobre la que me sostengo cada día. Eso sí: a las raíces hay que regarlas. Todos podemos hacerlo.

Pasaron otras vacaciones en familia. La felicidad plena. Por mi trabajo no los veo tanto como quiero. Es por eso que en estos momentos necesito de un beso, una sonrisa, de abrazo eterno. Te lo quería contar.