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De Puño y Letra por Lape: De generación en generación

Mica ya tiene 25. Los cumplió hace unos días. Ya les he hablado sobre ella, mi primera hija. Cuando llegó al mundo, a mediados de los 90, llenó mi alma (y la de Bochi) de felicidad. En ese momento sabíamos que la alegría estaría por siempre en nuestra familia.

Y así fue. Todavía hoy jugamos, nos divertimos, nos enojamos, actuamos, cantamos. En definitiva, aprovechamos al máximo ese escaso tiempo que tenemos por nuestras obligaciones. Lo hacemos con calidad. Y eso perdura, se disfruta.

Para los que no la conocen, ella es perseverante, divertida, estudiosa, responsable, amiga, hija compañera de running, de viajes, pastelera, exigente... una loquita linda. Y (con su hermano Elvis), mi gran orgullo.

Ahora que son mayores, noto emocionado que crecieron siendo buenas personas y que aprendieron de la ruta que traté de marcarles con su mamá desde que son chicos. La ruta para que siguieran mis pasos, los pasos de mis padres: porque si hay algo que trato de enseñarles a mis hijos es que sean buenas personas. Que sean solidarios. Que ayuden al que ayuda. Que den al que necesite. Que respeten, que protejan. Que disfruten las pequeñas cosas, porque todos los días pueden ser felices con lo que tienen, sea poco o mucho. Que se diviertan. Que canten aunque desafinen. Que bailen aunque no sepan. Que no se arrepientan de lo que no hacen, simplemente que hagan lo que está a su alcance. Que se equivoquen, porque se pueden reparar los errores. Que la felicidad está en ellos, no afuera. Con el ejemplo, más que con palabras, fui marcándoles el camino que creía correcto. Te lo quería contar.

Osde
Osde