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De Puño y Letra por Lape: Mi mejor compañero

Siempre les cuento lo mucho que me cuesta decir que no y hacerme un tiempo para mí mismo. Las obligaciones laborales, las responsabilidades y el deseo de crecer me convirtieron en una verdadera “máquina” de trabajar. A veces quisiera que el día tuviera 25 horas o poder teletransportarme.

Me resultaría imposible poder mantener el ritmo si no fuera porque tengo lo que yo defino como pequeños cables a tierra. ¿De qué se trata? Un cable a tierra es conectarte con lo que te gusta, con lo que te da felicidad, con lo que te da placer, con lo que se puede disfrutar. Por más humilde que parezca, por más sencillo que sea, es eso que nos protege frente a la agitación cotidiana que suele atraparnos y en la que solemos caer presos.

Uno de mis cables a tierra es tomar mate. Si puede ser en el fondo de mi casa, descalzo, mucho mejor. Apoyar las plantas de los pies en el pasto o sobre la tierra, eso me produce una inmensa sensación de paz, de contacto profundo con mi interior. Es como una regresión necesaria a mi infancia, cuando era normal jugar descalzo con una manguera y mojarme los pies.

Claro que no siempre encuentro el tiempo ni las condiciones ideales para hacerlo. Por eso trato de buscar pequeños momentos a lo largo del día para cebarme unos mates, tranquilo. Aunque esté trabajando. Está bueno parar unos minutos a cebar, mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y reflexionar sobre nuestro camino. Ver si la ruta que transitamos es la que queremos. O también, si lo necesitamos, solamente relajar. El mate te escucha o te acompaña en silencio, como los mejores compañeros.

Hace un rato pensaba, con un mate en la mano: las horas pasan rápido. Lo importante es hacer cada cosa con felicidad. Las oportunidades marcan nuestra vida, incluso las que dejamos pasar... Te lo quería contar.

Osde
Osde