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De Puño y Letra por Lape: Mi motor, mi equilibrio

El finde me levanté un poco melancólico y me puse a ver viejos videos grabados en VHS, verdaderas reliquias en esta era de redes sociales y teléfonos inteligentes.

Uno de los que más me gustó (y que pueden ver en mi cuenta de Instagram) es el de mi casamiento.

Yo era un productor de TV que nunca se había parado frente a una cámara. Bochi tenía 23 años y era maestra jardinera. Las invitaciones las hizo ella a mano, con tinta china. El vestido, también a pulmón: lo bordó. Hizo hasta los guantes. Cuidaba chicos en una casa y trabajaba por las tardes atendiendo un kiosco. Eso, más su sueldo como maestra, le permitía juntar sus pesitos para poder cumplir su sueño.

Bochi es una mujer a la que nada le ha sido fácil. Sin ir más lejos, hoy la pueden encontrar en un hospital, cuidando a su papá internado, a su mamá o a su hermanita, a la que ya conocieron. Ella, a pesar de los contratiempos, siempre sigue empujando adelante, con actitud.

A veces me preguntan cómo hago yo para despertarme con una sonrisa cada día, tan temprano... Y mi respuesta es porque la veo a ella. Silvia es mi motor, mi equilibrio necesario.

Soy un tipo cariñoso. Siempre digo que dar y recibir amor son tan necesarios como el alimento, el agua y el oxígeno que necesitamos para vivir. Saber que alguien nos espera, que se preocupa por lo que nos pasa, que se alegra de nuestras alegrías es lo mejor que nos puede suceder. Y los integrantes de nuestra familia, los que están siempre, también necesitan ese afecto.

Somos seres incompletos, necesitados de los demás, del reconocimiento, del cariño, del amor. Todos necesitamos de una sonrisa, de un abrazo, de un beso, de un llamado para poder seguir. Se los dice un amigo: disfruten de cada momento con sus seres queridos.

Por último les quiero dejar una frase de Bochi, que siempre me gusta recordar y poner en práctica: “Hay que ser feliz con lo que tenemos y no con lo que queremos tener”. ¿Algo de razón tiene, no?

Osde
Osde