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De Puño y Letra por Lape: El pibe más tímido del curso

¿Me creen si les cuento que yo, durante mi adolescencia, era tan tímido que no podía hablar delante de mis compañeros de secundaria? Bueno, aunque suene raro, es verdad. Directamente no me salían las palabras.

Recuerdo muchísimas escenas así en las aulas del ENAM de Banfield: estaba preparado, había estudiado, conocía los temas cuando me llamaban al pizarrón. Pero al momento de pasar al frente no podía decir nada en voz alta. Me temblaba todo el cuerpo, transpiraba y me quedaba en silencio. Tenía pánico escénico. Para colmo, como un chico criado en el interior (Tucumán) recién llegado a Buenos Aires, mis compañeros se burlaban de mi acento.

Al mismo tiempo, mi sueño era estar ligado a la comunicación. Qué paradoja, ¿no? Esa piedra en el camino entorpecía mi deseo y mi desafío, claro, era vencer a ese enemigo silencioso, la timidez.

Si me preguntan cómo hice para superar ese inconveniente, les digo que sólo con actitud. No sabía en ese momento qué era esto de la actitud, pero tenía en claro que si continuaba con esos miedos paralizadores, nunca podría seguir paso a paso en busca de mi sueño.

Empecé a practicar textos de viejos programas de televisión frente al espejo. Me soltaba, me aventuraba a lo desconocido, a reconocer mi voz. Podía hablar, preguntar, responder, reclamar, cantar… Hasta me animé a grabar posibles programas de televisión con una camarita casera. Esos ejercicios me ayudaron mucho. Los hice solo, sin ayuda de nadie. Y, así de a poco, me fui empujando a intentar frente a mis compañeros y amigos. El resto es historia…

Los dejo con una frase que resume lo que se puede lograr con actitud e intentando una y otra vez: “¿Qué pasa cuando un bebé comienza a dar sus primeros pasos? Se cae. Se levanta. Se vuelve a caer. Hasta que un día ya no se cae más”.

Osde
Osde