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De Puño y Letra por Lape: Lecciones frente al mar

Muchos ya se habrán dado cuenta. A los que no, se los cuento: empecé mis vacaciones. Ustedes saben que me voy siempre que tengo una oportunidad y se los muestro en las redes sociales con total transparencia, porque me gusta compartir mis alegrías con ustedes y sé que muchos realmente lo aprecian.

Más allá de lo lindo de conocer nuevos destinos y disfrutar con los afectos (vine con Bochi y una pareja amiga), la verdad es que me hice una escapada porque necesitaba bajar un cambio. El cuerpo me lo pedía a gritos después de meses muy duros a nivel trabajo y a nivel personal.

En la foto que ilustra este este texto, que también está en Instagram, parezco relajado. La realidad es que me la saqué apenas había llegado a Cancún y mi cabeza todavía estaba metida en ese vendaval que es la locura cotidiana. El sol y la calma demoran en salir.

Sentado en la escalinata que da a la playa, miro el mar. Y aprendo de él. El mar no tiene límites. Es todo lo contrario a nuestra vida. Ya sea por mandato o por decisión personal, nosotros vivimos limitados. Me parece que eso no está bueno.

Siempre les digo que las vacaciones son el momento justo para conectarse con nuestros afectos, pero también para hacerlo con nosotros mismos. Vivimos a mil todo el año, de un lado para el otro, sin tiempo, apurados, preocupados… de vez en cuando está bueno parar la pelota y ver dónde estamos parados. Yo sigo pensando, pero mientras tanto, se los quería contar…

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