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De Puño y Letra por Lape: Decisiones y segundas oportunidades

Te pasa a vos, me pasa a mí. Les pasa a mis hijos, tal vez a los tuyos también. Decisiones… 

 

Cuando empieza a caminar por la vida se da cuenta de que todos los días uno tiene que decidir. Desde que te despertás ya decidís: qué vas a desayunar, qué te vas a poner, qué camino vas a tomar, qué decisión podés tomar en tu trabajo. Y no siempre estás seguro de lo que vas a decidir. Entonces empezás a dudar. La duda a veces puede ser una mala consejera, pero otras veces puede servirte para no tomar decisiones apresuradas. 

 

Empezás a consultar sobre una decisión difícil que tengas que tomar. Hablás con tu familia, con tus amigos, con personas que han tenido experencias similares a las tuyas… Te ponés a pensar, y decís: ¿qué hago? Llegás a la cama, te acostás, vos solo, tal vez hablando con la almohada para saber qué decisión tomar.

 

Y la decisión es tuya, absolutamente tuya. Vos sos el responsable de tus actos. Te puede ir mal, claro. Y te va a ir mal, porque todos elegimos un camino incorrecto de vez en cuando. Pero si te va mal, tenés otra oportunidad. Es así.

 

Podés caerte, podrés tropezar, pero lo más importante de todo es que puedas levantar. Si te va mal, podés aprender de los errores para poder tomar otra decisión en el futuro que seguramente sea más acertada. 

 

Hay una frase que aprendí en unas vacaciones que dice que vos “no podés cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar las velas para llegar a tu destino”. El viento va, empuja. Pero vos sos el que tiene el poder de la vela para virar, si es necesario. Te lo dice un amigo.

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