No esperes a mañana para perseguir tus sueños Destacado

El sábado, bien temprano a la mañana, el micro en el que viajaban algunos de los músicos de LapeBand, mi grupo de rock, se accidentó en la autopista Córdoba-Rosario, cerca de la entrada a Bell Ville. Iban para Santa Rosa de Calamuchita, adonde esa misma noche teníamos que dar un show. Al parecer, el chofer se quedó dormido, el vehículo atravesó el guardrail y cayó a la banquina. Por suerte, fue solo un susto: si bien el baterista se rompió algunos dientes y la corista se golpeó fuerte en la cabeza, nadie corrió serio peligro. Igual, Guillermo, que toca la
armónica, tuvo que pasar la noche en un hospital por algunos traumatismos.

No les voy a mentir: tener que hacer el show fue muy duro. Por un lado seguíamos en shock por lo que había pasado; y por el otro estábamos pensando en Guille, que seguía internado. De todas maneras, recibir el cariño del público cordobés que se acercó a escuchar un poco de rockabilly nos dio fuerzas para sobreponernos al momento de dolor y tratar de brindar el mejor espectáculo posible.

Ya de vuelta en casa, me puse a pensar y me di cuenta de que estos golpes son también llamados de atención. ¿A qué? A darse cuenta de lo efímera que es la vida. Todo se puede terminar en un segundo. Hoy estás, pero mañana no lo sabés. Y ese pensamiento, aunque suene feo, nos tiene que servir de impulso para hacer cosas buenas, para cumplir nuestros sueños. Nuestro paso por el mundo es tan breve que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y evitar arrepentirse de lo que ni siquiera intentó. Tratemos de disfrutar cada segundo, de animarse a perseguir nuestros objetivos. Disfrutemos, amemos, vivamos bien. No esperemos
a mañana para hacerlo. Puede ser demasiado tarde.

Más en esta categoría: « Nunca bajes los brazos
volver arriba