A+ A A-

De Puño y Letra por Lape: Volver a las raíces

Los que me sigan en las redes sociales se habrán dado cuenta que en las últimas semanas estuve posteando menos fotos y videos. Les soy sincero porque ustedes son amigos: lo que pongo está absolutamente relacionado con mis sensaciones y sentimientos del momento. Y mi momento no es el mejor.

Cuando estoy ausente es porque de verdad estoy preocupado por otras cuestiones. Los que me conocen sabe de qué se trata. En el trabajo trato de ponerle una sonrisa, por ustedes y por mis compañeros. A veces se hace difícil, pero nunca dejo de intentar.

Aunque me muestre siempre como un tipo positivo, no le escapo a los problemas. ¡Nadie lo puede hacer! Y aunque no tengo la receta mágica, en estos momentos trato de acercarme a lo que ya me funcionó en momentos similares del pasado: mirar las cosas con perspectiva y volver a las fuentes.

Creo que la solución no está adelante, sino atrás, en nuestras raíces. Me refiero a nuestros afectos. Los vínculos. La familia. Esos amigos que nunca fallan. La música, que calma, conecta y transporta.

Solemos caminar solo mirando al frente y nos olvidamos de quién tenemos al lado. Se trata, me imagino, del arraigo. De aferrarse al lugar propio, al origen. Para cerrar les dejo una frase de Sri Sri Ravi Shankar que resume muy bien lo que pienso: “Cuando partes de tu raíz, de la fuente, florecen todas tus otras habilidades, espontáneamente”.

Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: Parar la pelota

Les voy a contar sobre un momento especial que viví hace unos días.

Feriado en la radio. Nos vamos a la tanda. Aprovecho esos minutos de descanso para salir al balcón de La 100. Veo a la gente disfrutar de su día libre. Muchos van de la mano. Otros pasean a sus mascotas. Dos abuelos enamorados caminan despacio. Me gustó. Lo añoré.

De pronto me di vuelta y me encontré reflejado en el vidrio de la ventana. Saqué el celu, capturé ese momento para siempre y seguí contemplando el atardecer en la Ciudad, en silencio. Hasta que desde adentro me gritaron “¡aire!”. Y volví al estudio.

¿Qué tuvo ese momento de especial? Nada. Y a la vez todo. Esos cortos minutos de parar a observar sin más fueron un cable a tierra.

A veces está bueno parar la pelota unos segundos, mirar donde estamos parados, ver el camino recorrido y seguir avanzando a paso firme. Probalo, después me contás. Y no te olvides que te lo dice un amigo.

De Puño y Letra por Lape: Actitud siempre

¡Hola, amigos! Me siento a escribirles con el mate en la mano, los pies descalzos sobre el pasto y con la absoluta convicción de que hay que caminar por la vida con actitud positiva. Desde chico sabía que para avanzar debía dibujar un punto lejos en el horizonte, bien alto, aunque me resultara al principio inalcanzable. Un punto hacia donde dirigirme, un punto que era un sueño. Intuía que era posible acercarme a él, pero tenía que ser perseverante en mi actitud: era la única forma de llegar a ser periodista y poder vivir de la comunicación.

Los riesgos estaban. Me caí, varias veces. Pero estuve obligado a levantarme, una y otra vez. No fue fácil, pero lo logré. Con actitud.

Vamos a caminar con actitud siempre, y con actitud positiva vamos a hacer frente a los inconvenientes que surjan por el hecho mismo de estar en movimiento y andar.

Hoy sigo pensando lo mismo. Vivamos con actitud para enfrentar desafíos, para perdonar, para seguir, para entender, para soñar, para amar, para saber que no todo está perdido, para abrazar… para llorar. ¡Actitud siempre!

De Puño y Letra por Lape: El corazón infinito de las mamás

Aunque ya pasaron unas horas, no me quiero olvidar de dedicarles unas palabras a todas las madres por su día. Más vale tarde que nunca, ¿no?

Voy a empezar contándoles sobre la mía. Mi mamá Elba es todo. De ella sólo recibo afecto. Fue la mujer que primero me cuidó y al día de hoy puedo decir que nunca me soltó las manos. Me acuerdo de esas mañanas caminando para hacer las compras del día… Por la calle Loria, en Lomas, pasábamos por la carnicería, la panadería, la verdulería. Íbamos de la mano; yo era muy chico. Esos recuerdos nunca se van a borrar.

Hasta el día de hoy, ya bastante grandecito, cuando caigo en cama con fiebre, necesito que venga y me ponga su mano en mi frente para calmar cualquier dolor. Ser madre, creo, es eso: cuidar incondicionalmente de los hijos, no importa la edad. Mi madre (además de ser la mejor cocinera), es el hombro que me sostiene y la que siempre está. Y por eso siempre le voy a estar agradecido.

La otra mujer de mi vida, la que me llenó de alegría para siempre siendo madre, la que le elegí hace casi 30 años es Bochi. Debo reconocer que aprendo viéndola. Silvia es y será la mamá protectora que suelta cuando tiene que soltar. Que ayuda cuando tiene que ayudar. Que deja que sus hijos aprendan de sus errores. Que enseña, acompaña, reta, abraza, se enoja, y perdona. Que ama.

Bochi muchas veces debe convivir con mis locuras mientras nuestros hijos crecen. Muchas veces cumple las dos funciones -de mamá y papá- por mi ausencia forzada y mi comodidad. Es la que pasó tantas noches sin dormir cuando Mica o Elvis llegaban tarde de alguna salida nocturna.

La que pasó noches enteras haciéndole upa a Mica que lloraba para que yo pudiera dormir, porque a las 3.45 de la madrugada me tenía que ir a la tadio. Había que trabajar para llegar a fin de mes. Es la que mientras hacía todo esto se desdoblaba ayudando a su familia en problemas. Lo sigue haciendo.

Mamá es la primera palabra que pronunciamos y la que decimos cuando estamos mal. Es la palabra salvadora. Detrás de esas cuatro letras está ese corazón infinito que solo las madres tienen. Espero que las mamás que me lean hayan tenido un hermoso día, como se lo merecen, por cuidarnos siempre y por ser como son. ¡Gracias!

De Puño y Letra por Lape: Nuestra mayor virtud

Gracias a mi trabajo, todos los días, hace décadas, me enfrento a la realidad. Les conté miles y miles de historias que poco a poco me hicieron acostumbrar a lo noticioso, a lo llamativo, a lo novedoso. Por eso, lamentablemente, hoy hay pocas cosas que logran sorprenderme. Pero a algo que a mí, que tuve la suerte de crecer entre Banfield y Tucumán y que recorrí casi toda la Argentina gracias a mi trabajo como cronista de los noticieros de El Trece y TN, nunca me va a dejar de sorprender: la solidaridad.

Las experiencias que viví como movilero despertaron en mí afecto, comprensión, apoyo, compasión y empatía por el dolor ajeno. Tengo la suerte de ser escuchado a través de un micrófono, ya sea en radio o en televisión, por mucha gente, y esto me genera una mayor responsabilidad y la necesidad de utilizar ese poder para generar ayuda.

Yo también trato de dar una mano desde mi lugar. El sábado, por ejemplo, tuvimos una hermosa maratón solidaria con Lapebvand. Con mis amigos de la vida fuimos a la sociedad de fomento Villa Urbana de Villa Fiorito a donar los libros recolectados en nuestros dos últimos shows.

Fue verdaderamente emocionante ver la alegría que un libro provocaba en los chicos. También inauguramos la biblioteca, armada por ellos mismos con pallets. Hicimos un pequeño acústico (lo pueden ver en mi Instagram). El respeto que demostraron los pibes de Fiorito, que tantas necesidades tienen, fue emocionante. Ellos están muchas veces al margen de la sociedad y no es justo darles la espalda.

Ayudar me llena el alma. Estoy feliz cuando veo a los chicos sonreír. Creo que en la solidaridad ahí radica nuestra fuerza como sociedad y a partir de allí tenemos que construir. Estoy convencido de que el argentino es solidario. Y tenemos que estar orgullosos por esta virtud nuestra. A pesar de que a veces veamos en el otro un egoísmo, sé que dentro de ellos anida un espíritu sano.

No hay que ser millonario para ayudar. Dar no es regalar lo que nos sobra, sino entregar lo que el otro necesita: a veces tiempo, a veces amor. Es no mirar para otro lado. La solidaridad contagia y multiplica. Vayamos por ese lado. Te lo dice un amigo.

Osde
Osde