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De Puño y Letra por Lape: Regalos que te da la vida

Siempre me quejo de lo mucho que trabajo, de lo agotado que llego a casa por estar casi 10 horas hablando al aire y del poco tiempo que me queda para dedicarle a mi familia. Pero siempre al final, al parar la pelota, me doy cuenta de que hago lo que me gusta y que tengo el corazón lleno de agradecimiento.

Les quiero contar algo que me pasó el fin de semana, cuando toqué con mis amigos de la vida con Lapeband en el teatro de Lomas. Llenamos el teatro de mi barrio y me encontré con una abuela de 96 años, con una actitud enorme ante la vida que canta en francés. Los invito a que la escuchen en mi Instagram. A mí me encantó. Me di cuenta de que soy feliz con lo que tengo y no con lo que quiero tener.

¿Y lo mejor de todo? Que lo hicimos por una causa solidaria, acompañando a “Te doy una mano”.

Soy un firme creyente de que los gestos solidarios también ayudan al que ayuda, por todo lo que le permiten experimentar y sentir. Lo comprobé en carne propia y lo pude ver en innumerables ocasiones. Estoy convencido de que el argentino es solidario: a pesar de que a veces veamos en el prójimo ese egoísmo que afea, sé que dentro de ellos anida un espíritu sano, que tienen guardado algún tesoro oculto que sale a flote por algún disparador externo.

Ser solidario no depende de lo que tengamos, depende de la actitud. No hay que ser un potentado para ayudar. Dar no es regalar lo que nos sobra, sino entregar lo que el otro necesita. Es dar tiempo, dar amor. Es no mirar para otro lado. Gracias por estar.

De Puño y Letra por Lape: Otro sueño cumplido

Lo recuerdo como si fuera ayer. Corría el verano del 98. Estábamos de vacaciones con mi amigo Garchi, Rubén García, cuando le sonó el teléfono. Era el jefe. Le dijo que iba a ser el productor ejecutivo del entonces nuevo noticiero del mediodía de El Trece: “El noticiero de Santo”.

Yo, su compañero y amigo, iba a debutar en ese programa como movilero, saliendo en vivo desde Tucumán. Yo, el que un tiempo antes había sido el productor de Santo cuando él hacía los móviles de Telenoche. Estábamos felices.

Paso el tiempo, Santo siguió por otros rumbos y Luis Otero tomó su lugar en los mediodías de El Trece. Yo seguí haciendo los móviles, todos los días. De a poco empecé a tener mi chance: cuando Luis se tomaba vacaciones, ahí estaba yo para reemplazarlo.

Fueron 11 años haciendo las suplencias. Para mí, que había empezado como productor, era un orgullo cuidarle su lugar. Días atrás, el doctor Luis Otero, mi amigo, un buen tipo, honesto y familiero, decidió ayudar a sus vecinos de Avellaneda lanzándose a la política.

Esa misma semana, aquel mismo jefe me llamó para decirme que ahora era mi turno. Y este lunes, a mis 54 años, debuté como conductor del Noticiero 13. El titular.

Pasé por todas las etapas; ustedes lo saben. Fui asistente, productor, movilero, cronista, conductor. Caminé la calle y recorrí todos los rincones del país haciendo lo que amo. Pasé feriados en guardias eternas esperando una nota. Perdí valioso tiempo con mis hijos. Siempre con el objetivo adelante.

El lobby nunca fue lo mío. No sé “rosquear”; solo trabajar con honestidad y buena onda. Estoy convencido de que nunca hay que desistir. Que hay que caminar con pasos firmes, superando los inconvenientes que te propone la vida. Hoy, por fin, cumplí uno de mis grandes sueños.

Lape tuvo suerte, dirán algunos. Pero se olvidan de todo lo que tuve que insistir. Y volver a insistir. Mi actitud positiva, sin dudas, fue el motor de la atracción para que yo tuviese “suerte”.

Seguiré con Tempraneros en TN y en Atardecer en La 100 hasta que mi cuerpo lo permita. Estoy feliz. Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: De mates y pasto quemado

Los que me sigan en Instagram sabrán que de vez en cuando publico algún capítulo de lo que a mí me gusta llamar el “reality familiar”. Son escenas graciosas de mi vida cotidiana en casa con mi mujer y mis hijos.

Hace unos días subí un video en el que Bochi me acusa de quemar el pasto del jardín con los pies mientras tomo mate descalzo y leo el diario. Yo, al verlo más claro y seco, me voy cambiando de posición. Ella dice que los quemo con los nervios que junto durante la semana. ¿Pueden creerlo?

Más allá de la broma, ella tiene bien en claro lo importante para mí que es disfrutar en soledad ese momento del finde.

Los que me conocen saben que en esta última época, las obligaciones laborales, las responsabilidades y el deseo de crecer me convirtieron en una verdadera “máquina” de trabajar. Hasta Lapeband me demanda horas de ensayo, de concentración y de movilidad. No deja de ser un compromiso.

Este ritmo me resultaría imposible de mantener si no fuera porque, de vez en cuando, busco un rato para tender un cable a tierra. Y uno de los cables a tierra que más disfruto es justamente ese: tomar mate descalzo en el fondo de mi casa.

Apoyar las plantas de los pies en el pasto o sobre la tierra me produce una inmensa sensación de paz, de contacto profundo con mi interior. Es como una regresión necesaria a mi infancia, cuando era normal jugar descalzo con una manguera y mojarme los pies.

Siento que si no fuera porque me hago un tiempo para disfrutar de esas pequeñas escenas cotidianas, todo el resto se me haría cuesta arriba. En este caso, el pasto quemado se justifica.

Por eso te recomiendo que, si aún no tenés alguno, busques el momento para tender tu propio cable a tierra. Es conectarte con lo que te gusta, con lo que te da felicidad, con lo que te da placer, con lo que se puede disfrutar. Por más humilde que parezca, por más sencillo que sea, es eso que nos protege frente a la agitación cotidiana que suele atraparnos y en la que solemos caer presos.

A veces está bueno parar unos minutos, mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y seguir avanzando. Te lo quería contar!

Les dejo el link del video: https://www.instagram.com/p/Bu1_YtKjQOt/

De Puño y Letra por Lape: Aquel gesto de María Laura

Hola amigos. Aquí estoy, como cada semana. El posteo de hoy se lo quiero dedicar a María Laura Santillán, una amiga de la vida que hace unas horas cumplió años.

No sé si lo saben, pero fue ella, hace casi 30 años, quien me abrió las puertas de la televisión y quien me ayudo a caminar en mis comienzos.

La historia fue así: yo venía trabajando en radio. Siempre me encantó la radio (lo sigo haciendo todas las tardes), pero mi sueño de toda la vida era trabajar en TV. Varias veces me había parado en la puerta de Canal 13, con intención de entregar mi currículum. Como buscando que la suerte me guiñara el ojo. Pero no había resultado.

En radio América la conocí a María Laura. Ella era locutora. Yo, productor. Con el paso del tiempo pude armar una agenda bastante interesante. Para un productor, la agenda es como su propio tesoro. El mejor productor, creo yo, tiene la agenda telefónica más completa. Evidentemente, a María Laura, a quien apenas conocía, le gustó mi trabajo, porque una tarde de verano de 1991 ella me llamó a la casa de mis padres en Banfield y me dijo: “Me voy al 13 a trabajar con Nico Repetto. ¿Querés venir a producir?”. Ella sabía que era mi sueño. Y yo no lo dudé.

Allí, en Fax, el por entonces nuevo programa de Nico, crecí y tuve la oportunidad de hacer aire por primera vez. El resto es historia.

Lape tuvo suerte, dirán algunos. Pero yo no me olvido de aquel tremendo gesto de mi amiga. Este oficio es hermoso y apasionante, pero no abundan los agradecidos.

Que todos sepan quién es la que cada día conduce Telenoche.

De Puño y Letra por Lape: El pibe más tímido del curso

¿Me creen si les cuento que yo, durante mi adolescencia, era tan tímido que no podía hablar delante de mis compañeros de secundaria? Bueno, aunque suene raro, es verdad. Directamente no me salían las palabras.

Recuerdo muchísimas escenas así en las aulas del ENAM de Banfield: estaba preparado, había estudiado, conocía los temas cuando me llamaban al pizarrón. Pero al momento de pasar al frente no podía decir nada en voz alta. Me temblaba todo el cuerpo, transpiraba y me quedaba en silencio. Tenía pánico escénico. Para colmo, como un chico criado en el interior (Tucumán) recién llegado a Buenos Aires, mis compañeros se burlaban de mi acento.

Al mismo tiempo, mi sueño era estar ligado a la comunicación. Qué paradoja, ¿no? Esa piedra en el camino entorpecía mi deseo y mi desafío, claro, era vencer a ese enemigo silencioso, la timidez.

Si me preguntan cómo hice para superar ese inconveniente, les digo que sólo con actitud. No sabía en ese momento qué era esto de la actitud, pero tenía en claro que si continuaba con esos miedos paralizadores, nunca podría seguir paso a paso en busca de mi sueño.

Empecé a practicar textos de viejos programas de televisión frente al espejo. Me soltaba, me aventuraba a lo desconocido, a reconocer mi voz. Podía hablar, preguntar, responder, reclamar, cantar… Hasta me animé a grabar posibles programas de televisión con una camarita casera. Esos ejercicios me ayudaron mucho. Los hice solo, sin ayuda de nadie. Y, así de a poco, me fui empujando a intentar frente a mis compañeros y amigos. El resto es historia…

Los dejo con una frase que resume lo que se puede lograr con actitud e intentando una y otra vez: “¿Qué pasa cuando un bebé comienza a dar sus primeros pasos? Se cae. Se levanta. Se vuelve a caer. Hasta que un día ya no se cae más”.

Osde
Osde