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De puño y letra por Lape: Animarse a sorprender

 

"La alegría más grande es la inesperada͟", dijo Sófocles, el gran poeta trágico griego. Su frase me gusta tanto que la elegí para empezar uno de los capítulos de mi libro, Prende el optimismo. Es que, déjenme confesarles, soy un fanático de las sorpresas. Para mí, la palabra sorpresa equivale a sentimientos deliciosos y placenteros. Me hace acordar a mi infancia y nunca la asocio a malas noticias. Y por eso siempre trato de provocar ese sentimiento en la gente que quiero.

Las sorpresas son estímulos que nos alejan de la rutina, proyectados por alguien que piensa en nosotros. Quien desea provocar en nosotros una reacción de alegría ponetoda su energía y todo su tiempo para lograrlo. Y eso, amigos, es invalorable. Siempre digo que las sorpresas son un tesoro de la vida, un tesoro de recuerdos guardados en nuestro corazón. Eso es, en definitiva, con lo que nos quedamos: vale más un grato recuerdo que cualquier cosa material que uno pueda conseguir.

No hace falta romper el chanchito para sorprender a alguien. Basta con un desayuno en lacama, flores, alguna golosina, una serenata, una carta escrita de puño y letra… En fin, hay millones de opciones para lograrlo. Es la magia de lo imprevisto. Muchas veces se los digo en Twitter: quiero que esto que te conté genere en vos el deseo de sorprender y la predisposición a dejarte sorprender por la vida, por quienes te rodean. ¡Hacelo! ¡Intentalo! Proponete sorprender a alguien aunque sea una vez por año. Va a ser un buen propósito, que va a llenar tu vida de felicidad.

 

De puño y letra por Lape: El valor de compartir

Tantos años en el periodismo han provocado que muchas cosas que dejen de sorprenderme. Imaginen la cantidad de noticias que pude haber contado en mis casi 30 años de carrera. Semejante flujo de información, bastantes veces negativa, a la larga (y guste o no), te va anestesiando. Pero aunque parezca mentira, hay algunas historias que todavía me siguen movilizando, que me emocionan y que me contagian a ser mejor persona: las historias de solidaridad.

La solidaridad es el valor humano que se pone de manifiesto cuando alguien, que conocemos o no, necesita de nuestra ayuda. Aunque parezca paradójico, soy un firme creyente de que los gestos solidarios también ayudan al que ayuda, por todo lo que le permiten experimentar y sentir. Lo comprobé en carne propia y lo pude ver en innumerables ocasiones. Estoy convencido de que el argentino es solidario: a pesar de que a veces veamos en el prójimo ese egoísmo que afea, sé que dentro de ellos anida un espíritu sano, que tienen guardado algún tesoro oculto que sale a flote por algún disparador externo. Y eso se ve cada vez que una tragedia afecta a nuestro país.

Es cierto que la solidaridad no vende, no genera rating. Pero, creeme, te va a ser sentir muy bien. Y ojo: ser solidario no depende de lo que tengamos, depende de la actitud. No hay que ser un potentado para ayudar. Dar no es regalar lo que nos sobra, sino entregar lo que el otro necesita. Es dar tiempo, dar amor. Es no mirar para otro lado.

De puño y letra por Lape: Tendé tu cable a tierra

 

Los que me conocen saben que en esta última época, las obligaciones laborales, las responsabilidades y el deseo de crecer me convirtieron en una verdadera “máquina” de trabajar. Hasta Lapeband, mi grupo de música, me demanda horas de ensayo, de concentración y de movilidad. Es cierto: disfruto muchísimo estar sobre el escenario, pero eso no significa que no haya mucho tiempo y esfuerzo detrás.

 

Les cuento que me resultaría imposible poder mantener el ritmo si no fuera porque, de vez en cuando, busco un rato para tender un cable a tierra. ¿Qué es un cable a tierra? Es conectarte con lo que te gusta, con lo que te da felicidad, con lo que te da placer, con lo que se puede disfrutar. Por más humilde que parezca, por más sencillo que sea, es eso que nos protege frente a la agitación cotidiana que suele atraparnos y en la que solemos caer presos.

 

Les voy a contar un secreto: mi cable a tierra es tomar mate descalzo en el fondo de mi casa. Apoyar las plantas de los pies en el pasto o sobre la tierra, eso me produce una inmensa sensación de paz, de contacto profundo con mi interior. Es como una regresión necesaria a mi infancia, cuando era normal jugar descalzo con una manguera y mojarme los pies. Si no fuera porque me hago un tiempo para disfrutar de esas pequeñas escenas cotidianas, todo se me haría cuesta arriba. Por eso te recomiendo que, si aún no tenés alguno, busques el momento para tender tu propio cable a tierra. Está bueno parar unos minutos, mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y seguir avanzando. Después me contás.

 

De puño y letra por Lape: la receta del éxito

Siempre les cuento lo mucho que me cuesta encontrar tiempo. El día no me alcanza, me cuestiono, sobre todo cuando se pasa la hora justa para hacer o decir algo. Pero hay cosas que valen la pena decir incluso cuando el momento ya pasó. Y por eso hoy me gustaría decirles algo sobre del Día del Trabajador. Si hablamos de frases cliché hay muchas que se pueden enumerar. Y hay una que justamente viene al caso: “El trabajo dignifica”.

En mi caso particular, todos los días me levanto con ganas de ir a trabajar. Créanme que arranco muy temprano y que muchas veces cuesta, pero me considero un afortunado. Lamentablemente sé también que, muchas veces, las desigualdades, la falta de oportunidades o esa cuota de suerte que nunca parece llegar pueden hacer que el camino se haga más cuesta arriba y que uno tenga ganas de bajar los brazos. Es en ese momento en que hay que insistir con más ganas, con más esfuerzo y con más dedicación para lograr los sueños. Se los digo yo, que nunca tuve nada servido. Y sino se lo pueden preguntar a Marcelo, mi remisero. ¿Se acuerdan de su historia?

Es por eso que me gustaría rearmar la frase: si bien está claro que el trabajo dignifica, también lo hace el esfuerzo. Para triunfar en el trabajo, como en la vida, lo importante no es llegar primero. Para triunfar simplemente hay que llegar. Y para llegar hay que seguir adelante, sin flaquear, soportando y a la vez superando las interrupciones y cortocircuitos. Cuantas veces haga falta. Así de fácil, así de difícil. Te lo dice un amigo.

No esperes a mañana para perseguir tus sueños

El sábado, bien temprano a la mañana, el micro en el que viajaban algunos de los músicos de LapeBand, mi grupo de rock, se accidentó en la autopista Córdoba-Rosario, cerca de la entrada a Bell Ville. Iban para Santa Rosa de Calamuchita, adonde esa misma noche teníamos que dar un show. Al parecer, el chofer se quedó dormido, el vehículo atravesó el guardrail y cayó a la banquina. Por suerte, fue solo un susto: si bien el baterista se rompió algunos dientes y la corista se golpeó fuerte en la cabeza, nadie corrió serio peligro. Igual, Guillermo, que toca la
armónica, tuvo que pasar la noche en un hospital por algunos traumatismos.

No les voy a mentir: tener que hacer el show fue muy duro. Por un lado seguíamos en shock por lo que había pasado; y por el otro estábamos pensando en Guille, que seguía internado. De todas maneras, recibir el cariño del público cordobés que se acercó a escuchar un poco de rockabilly nos dio fuerzas para sobreponernos al momento de dolor y tratar de brindar el mejor espectáculo posible.

Ya de vuelta en casa, me puse a pensar y me di cuenta de que estos golpes son también llamados de atención. ¿A qué? A darse cuenta de lo efímera que es la vida. Todo se puede terminar en un segundo. Hoy estás, pero mañana no lo sabés. Y ese pensamiento, aunque suene feo, nos tiene que servir de impulso para hacer cosas buenas, para cumplir nuestros sueños. Nuestro paso por el mundo es tan breve que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y evitar arrepentirse de lo que ni siquiera intentó. Tratemos de disfrutar cada segundo, de animarse a perseguir nuestros objetivos. Disfrutemos, amemos, vivamos bien. No esperemos
a mañana para hacerlo. Puede ser demasiado tarde.

Osde
Osde