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De Puño y Letra por Lape: Decisiones y segundas oportunidades

Te pasa a vos, me pasa a mí. Les pasa a mis hijos, tal vez a los tuyos también. Decisiones… 

 

Cuando empieza a caminar por la vida se da cuenta de que todos los días uno tiene que decidir. Desde que te despertás ya decidís: qué vas a desayunar, qué te vas a poner, qué camino vas a tomar, qué decisión podés tomar en tu trabajo. Y no siempre estás seguro de lo que vas a decidir. Entonces empezás a dudar. La duda a veces puede ser una mala consejera, pero otras veces puede servirte para no tomar decisiones apresuradas. 

 

Empezás a consultar sobre una decisión difícil que tengas que tomar. Hablás con tu familia, con tus amigos, con personas que han tenido experencias similares a las tuyas… Te ponés a pensar, y decís: ¿qué hago? Llegás a la cama, te acostás, vos solo, tal vez hablando con la almohada para saber qué decisión tomar.

 

Y la decisión es tuya, absolutamente tuya. Vos sos el responsable de tus actos. Te puede ir mal, claro. Y te va a ir mal, porque todos elegimos un camino incorrecto de vez en cuando. Pero si te va mal, tenés otra oportunidad. Es así.

 

Podés caerte, podrés tropezar, pero lo más importante de todo es que puedas levantar. Si te va mal, podés aprender de los errores para poder tomar otra decisión en el futuro que seguramente sea más acertada. 

 

Hay una frase que aprendí en unas vacaciones que dice que vos “no podés cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar las velas para llegar a tu destino”. El viento va, empuja. Pero vos sos el que tiene el poder de la vela para virar, si es necesario. Te lo dice un amigo.

De Puño y Letra por Lape: La leyenda de la arena y la piedra

Les voy a contar una historia que apendí de una leyenda árabe. Es sobre dos grandes amigos que viajaban solos por el desierto y en un momento comenzaron a discutir. 

 

En medio de la discusión, uno de ellos le dio un cachetazo al otro. Su amigo, ofendido, no dijo nada y se puso a escribir en la arena: “Hoy mi mejor amigo me pegó una cachetada”. 

 

Callados, los dos amigos siguieron caminando hasta llegar a un oasis, donde decidieron meterse al agua.

 

En un momento, el que había sido golpeado comenzó a ahogarse. Su amigo, claro, se metío a rescatarlo y así lo hizo.

 

Tras recuperar el aliento, el agredido -y rescatado- tomó una piedra y escribó sobre otra: “Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. 

 

El otro, intrigado, le preguntó: “¿Por qué cuando te golpeé escribiste en la arena y ahora lo hacés sobre una piedra?”. 

 

Su amigo, sonriendo, le respondió: “Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir sobre la arena, donde el viento todo lo borra. El perdón se encarga de hacerlo desaparecer, para siempre. Cuando nos pasa algo muy grande debemos guardarlo en la piedra de la memoria, en la del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo”.

 

Se necesita solo un minuto para que te fijes en alguien, una hora para que te guste, un día para querelo, pero toda una vida para que lo puedas olvidar. La amistad va más allá de los momentos. Un gran amigo es el que está cuando los otros no están. Es el que está siempre. Te lo dice un amigo. 

De Puño y Letra por Lape: El pibe que nació el día del maestro

Elvis nació un día del maestro. Y creo que no fue casualidad: él me enseña todos los días. Ya les conté que es un pibe de bajo perfil. Muy personal. Silencioso, pensativo, analítico, ordenado, honesto, estudioso, responsable, familiero. Quizás un poco cascarrabias, pero buen tipo.

 

Aunque seamos diferentes (él es mucho más arriesgado que yo, que intento dar pasos cortos, pero seguros), también compartimos muchas cosas. Los dos amamos la historia. Disfrutamos juntos del fútbol, el ajedrez, el tenis o cualquier juego. 

 

Elvis trabaja y también estudia. Este año se va a recibir de licenciado en Administración de Empresas. Para mí es un orgullo.

 

Siento que tengo una deuda con él, porque no pude acompañarlo durante su etapa del colegio como me hubiera gustado. Ya saben lo mucho que trabajo y el poco tiempo que tengo para dedicarle a mi familia. Cuando era chico, por mis obligaciones, sólo podía verlo 15 minutos por día…

 

Pero por suerte hay tiempo para recuperar lo perdido. Siempre lo hay. El año pasado lo sorprendí mientras estudiaba con una beca en la universidad estatal de Nueva York. Y este año disfrutamos, junto a Bochi, a Mica y una familia amiga, de las vacaciones más largas de nuestras vidas.

 

En estos días inolvidables volvimos a desayunar juntos, algo que nunca podemos hacer. Volvimos a jugar al ping-pong como antes. Bueno, en realidad, volví a perder… 

 

La mía es una familia normal, como la de ustedes, con todas nuestras virtudes y nuestros defectos. Pasar el tiempo con mis afectos es mi equilibrio. Disfruten de cada momento con sus seres queridos. Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: Detenerse nunca

Siempre, desde que era aquel pibito tímido al que le costaba hablar en clase frente a sus compañeros, supe que mi vocación era ser periodista. Más que mi vocación, era mi sueño, ese sueño que con los años y después de mucho trabajo pude alcanzar. Ya en el periodismo, me puse otra meta aún más ambiciosa: ganar el Martín Fierro. 

 

Más de una vez me imaginé subiendo al estrado después de escuchar mi nombre. Inventaba en mi cabeza ese momento y lo reproducía como una película. Los nervios, la excitación, el abrazo con mis colegas y mi familia, la caminata al escenario, ¡hasta el discurso! “Gracias a Aptra, a mis viejos…”. Ya saben...

 

Me costó muchos años lograrlo. Recuerdo que allá por el 92 festejaba el Martín Fierro de oro que ganó Fax. Sentía orgullo por haber aportado mi granito de arena siendo productor. Y me sentí en parte responsable de ese premio. Después seguí festejando los de Telenoche, donde era cronista. Mucho después llegaron los que sentí como propios, con TN Central en 2008 y TN de Noche como mejor noticiero del año 2009. Y el que tengo en casa como mejor conductor de 2009. También perdí muchas veces, claro, y volví a ganar con Atardecer en los Martín Fierro de Radio. Por suerte, aquel sueño se me cumplió varias veces.

 

Era mi sueño. Y caminé tras él. Durante un largo recorrido me caí un montón de veces. Me levanté. Y me volví a caer. ¡Arriba otra vez! Pero nunca desistí. Nunca bajé los brazos. Soñar no cuesta nada, como alguien dijo por ahí. El verdadero desafío es ir en la dirección correcta, la que nos conduce hacia nuestros sueños, por más lejos que estén. Dando pasos cortos, pero seguros. Caminar, no correr. Pero nunca detenerse.

 

Tomate un respiro y comenzá a imaginar y desear. Buscá un sueño, estoy seguro de que tendrás algunos. Y camina tras él. ¡No hay tiempo que perder!

De Puño y Letra por Lape: Saber decir que no

Siempre me costó decir que no. Me encantan los nuevos desafíos y soy un apasionado de mi trabajo. Ser así a veces me juega en contra: hay días en los que me encuentro sobrepasado por decenas de obligaciones con las que me cuesta cumplir. Siempre le digo a Bochi que me gustaría que el día tuviera 25 horas...

La vida, en definitiva, se trata de tomar decisiones. Y, aunque me cueste, con los años aprendí que a veces hay que saber decir que no.

Unos años atrás, llegó un llamado inesperado: me proponían sumarme al Bailando por un Sueño. Aparecieron miles de preguntas: ¿por qué Marcelo Tinelli había pensado en mí? Yo no tengo glamour. Tampoco no soy una persona polémica. Debo reconocer que la idea me sedujo. Era un nuevo desafío para mi carrera. Ya se los dije: a mí me encantan los desafíos.

También aparecieron las dudas, claro. ¿Cómo hago para presentar una nota desagradable después de bailar reggaeton? ¿Era creíble? ¿Y si me tocaba bailar en el caño?

El llamado fue una revolución para mi vida. Y las opiniones aparecieron, aunque no las hubiera buscado. Mica, mi hija, dijo sí. También la mayoría de mis amigos. Elvis dio un rotundo no, por el miedo al ridículo. Igual que Bochi y mi mamá. Los oyentes me dejaban mensajes en la radio: que sí, que no... hasta me paraban por la calle para preguntarme qué iba hacer.

No les voy a mentir: por momentos pensé que era el momento para dejar la conducción del noticiero... pero la verdad es que no tenía ganas de dejar lo que tanto me gusta. La conclusión es conocida por todos: al final dije que no.

Debo confesar que me costó. Era una de esas oportunidades que te intrigan, te tientan, te provocan. Una decisión como esa implicaba arriesgar mucho, aunque más adelante me pudiera arrepentir. Pero a mí nunca me gustaron los juegos de azar. Es cierto que siempre corremos riesgos, incluso sin siquiera hacer cambios. Sin embargo, como siempre les digo, pasos cortos garantizan un camino seguro. Además, nunca se sabe qué nos puede ofrecer el futuro. Se los quería contar...

 
 

Osde
Osde