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De Puño y Letra por Lape: Nueve años siendo fieles a un estilo

Se los conté la semana pasada, en Instagram. Se los vuelvo a contar por acá: hace unos días renové contrato con La 100. Otro año más. Será el noveno con Atardecer. Y estoy feliz.

Nos escuchamos cada tarde mientras volvemos a casa. Bajamos un cambio. Paramos la pelota. Pensamos en voz alta. Escuchamos buena música y hacemos solidaridad.

Esta forma de transmitir no surge de la nada. Surge con querer ser auténtico, transparente; algo que vengo haciendo desde aquellas solitarias noches en TN. Algunos han llamado a mi estilo “desacartonado” o “desestructurado”. Lo que mucha gente que no me conoce dice es que sienten que soy su amigo y eso solo se puede sentir cuando uno se brinda tal cual es.

Creo que uno tiene que ser igual delante de una cámara, el micrófono de la radio, en la calle, en el gym o en casa. No tiene que ser un doble el que aparece en los medios. No sos distinto, ni más, por ser conocido. Sos el mismo, con tus alegrías y tristezas. Y también lo hago porque, como todos, necesito tu afecto. Tu compañía, tu apoyo. Por eso siempre trato de dar afecto yo, desde una fría pantalla. Así, el afecto también termina llegando del otro lado.

En Atardecer nunca nos vas a escuchar una mala palabra. Sólo palabras positivas, con buena onda. Es nuestro estilo, el que pregono desde hace 30 años.

Gracias por ser amigos y elegirnos cada día. ¡Es todo para ustedes!

De Puño y Letra por Lape: Una amistad irrompible

A lo largo de nuestro recorrido en este planeta existen seres por fuera de la familia que pasan a ser parte fundamental de nuestra vida. Seres que elegimos, por afinidad, por afecto. Los que nos ayudan a consolidar nuestras raíces y nos alimentan. Con ellos no hay secretos ni excusas, ellos son los que me entienden. Un amigo no te envidia, un amigo comprende. Un amigo disfruta con tus éxitos. Un amigo no te abandona en tu fracaso. Un amigo es aquella persona que sabe todo de vos y te quiere tal cual sos, sin pedirte nada a cambio.

Hoy les quiero hablar de una amistad especial, la que tengo con Javier Lozano. En la foto que acompaña este posteo estamos los dos trabajando juntos durante la cobertura del G20. Es que Javi, además de ser mi amigo, es un compañero de trabajo.

Me acuerdo de mi primer día en Telenoche, hace ya 27 años,cuando me tocó debutar en el noticiero que miraba siempre. Javier Lozano era entonces el productor ejecutivo. Era, o sea, el jefe. Me dijo: “Vení Lapegüe, acompañame”; y me dio mi primera tarea de producción. Me ayudó a entender cómo era esto del noticiero y a calmar mi ansiedad. Fuimos recorriendo el camino juntos. Un día nos dijo: “Dejo la producción. Quiero ser cronista”.

Javi quería ser feliz trabajando en las coberturas, en el lugar de los acontecimientos. Dejaba el poder, pero a él eso no le importaba. Y se transformó, en mi opinión, en uno de los mejores cronistas de la televisión argentina. “Cabeza” o “Zabiola”, como cariñosamente le decimos, es una pluma brillante. Es humilde, trabajador, tranquilo, honesto, seguro, divertido, irónico, siempre correcto. Nunca pide más.

A mi amigo no le importa la fama. Es un ejemplo para mí y para todos los que están empezando a recorrer esta maravillosa carrera que es el periodismo. Especialmente en este momento donde las luces encandilan a muchos, les hacen creer que son los mejores y perder el equilibrio. Más de uno que se sube a al pony de la mediocridad debería aprender de él.

Javi es además el padrino de mi hijo Elvis. A veces no nos vemos tanto como queremos. Es la vida. Tal vez mi locura. Lo que es cierto es que nuestra amistad es irrompible. Porque la amistad no se impone, no se programa. La amistad está en las buenas y en las malas. Te lo quería contar.

De Puño y Letra por Lape: Por una Megafinal en paz

Se viene la Superfinal de América. Boca y River, los eternos rivales, a todo a nada por la gloria máxima en la Libertadores. El partido más importante de la historia del fútbol argentino. Para muchos, “la final del mundo”.

Nadie puede negar que hay mucho en juego. Diganmeló a mí, que soy fanático del Xeneize y sufrí como nunca el empate en La Bombonera (hay un video que lo prueba en el Instagram de Bochi). Pero todos los hinchas tenemos que aceptar que sólo puede haber un campeón.

El sábado, pase lo que pase, paremos la pelota y entendamos que el otro siempre va a ser más importante que un equipo de fútbol. Que la violencia y el odio no llevan a nada.

Nadie niega que todos tenemos problemas. La vida de hoy es complicada. El fútbol, para muchos, es una forma de canalizar los dramas personales.

Día a día, gracias a mi trabajo, llego a conocer las historias de argentinos que la pasan mal de verdad. Pero muchos de ellos deciden poner al otro por encima de sus líos y demuestran que la tolerancia es el único camino para mejorar como sociedad. Sentarse. Mirarse a la cara. Hablar. Escucharse. Intercambiar ideas, pero sin agresión.

Una de las frases que usé en mi libro “Prende el optimismo” y que siempre me gusta recordar expresa muy bien la idea del respeto como el único camino para progresar juntos. Es del Dalai Lama: “Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo nacen de una actitud de aprecio por los demás”. Creo firmemente que un gesto, una sonrisa, un saber parar antes de que la discusión deje marcas indelebles son señales que se reciben del otro lado. Hacerlo a tiempo puede ahorrarnos muchos disgustos.

Encaremos la Megafinal con esta actitud. Que el que gane festeje como lo merece y que el que pierda, que se la aguante. Pero que sea en paz.

De Puño y Letra por Lape: Un golpe de nocaut al corazón

Soñaba con un buen partido. En paz. Sin agravios. Con respeto.

Soñaba que fuera el puntapié inicial para empezar a cambiar de a poco nuestra sociedad dividida. Nos merecemos un país mejor y esta era la oportunidad para mostrarlo. Que ganara el mejor. La vida vale más que una copa.

Después de caminar con Guillermo Lobo por la Boca, y por Nuñez, me sentí feliz por la recepción de los hinchas de uno y otro equipo, con respeto y folclore futbolero. Lo tomé como un soplo de madurez.

Haber estado durante la previa en la Bombonera y en el Monumental, debatiendo ideas por TN, sobre cómo deberían jugar los equipos, las formaciones, etcétera, fue un bálsamo para nosotros. Pensé de corazón que estábamos ante un único momento para ser mejores, como sociedad.

Bueno, mi siempre espíritu optimista recibió un golpe de knockout. Quedé tirado en la lona, me están contando la cuenta de protección hasta 10. De refilón veo a los espectadores, apenas puedo escuchar los gritos enfurecidos dándome fuerzas. Me levanto, estoy groggy, mareado, pero de pie.

Esa es la sensación que tengo ahora. Recibí una paliza en mi esperanza. Lo que vieron mis ojos recién operados me generó un profundo dolor en mi corazón. Otra vez repetimos la historia. Otra vez, unos pocos imberbes atacaron y de casualidad no estamos hablando de una tragedia.

Ya hablaremos de la inoperancia en los controles y del escritorio de la Conmebol. Nos estaba viendo el mundo. Otra vez dejamos la sensación de que somos un país endeble. Tendremos los mejores jugadores del mundo, pero no somos los mejores. Necesitamos dirigentes honestos. Funcionarios con capacidad para organizar al menos un espectáculo deportivo y una sociedad a la altura de las circunstancias.

Amigos, no puede ser que unos pocos nos quiten el sueño de vivir una fiesta civilizada. Mejorar para cambiarlo depende de nosotros.

De Puño y Letra por Lape: Animándome a superar mis miedos

Casi no recuerdo cómo era la vida sin anteojos. Por mis problemas de visión, los uso hace casi 30 años. En los últimos meses, por estrés, cansancio o por simple envejecimiento, la situación era cada vez peor. Mi familia y mis compañeros de trabajo lo saben: venía perdiendo la vista muy rápidamente.

Por ejemplo, dejé de ir a la cancha porque no diferenciaba a los jugadores; y ya se me estaba empezando a complicar ver las letras de los monitores en el canal.

Siempre tuve mucho miedo de que me toquen los ojos. Son delicados y hay mucho en juego. Pero estaba desesperado y no me quedó otra que salir de mi zona de confort. Por eso fui al oftalmólogo y le pedí que me ayude, que haga lo que tenga que hacer para solucionar mi problema.

La semana pasada, por fin, me animé a dar el cambio necesario en mi vida. El doctor Robert Kaufer me operó del ojo derecho. Esta semana será el turno del izquierdo. No es una cirugía fácil, pero cuando confiás en tu médico y su equipo y sabes del apoyo de todos los que te quieren, todo es posible.

La operación fue con anestesia y sedación. No me di cuenta de nada. La atención de todos los que trabajan con una sonrisa hace que todo sea como en familia.

Tenía miedo. Es normal. Pero tuve la mano de Bochi, que no me soltó. Y con afecto -el de mi familia, mis amigos, mis compañeros y el de ustedes- todo es más sencillo.

A pesar del temor, di un paso importante para mejorar mi calidad de vida. Como siempre les digo, el que no intenta no gana. Y el que no provoca cambios no los consigue.

Los dejo con una frase que leí por ahí y que me gustó mucho: “Valentía no es la ausencia de miedo; es la capacidad de seguir adelante a pesar del miedo”. ¡Nos vemos, ja!

Osde
Osde