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Tendencias: ¡A rodar la pelota mujeres!

El estallido del nuevo milenio es el FUTBOL FEMENINO.

 

Desde equipos en clubes de barrio hasta el mundial de fútbol, las chicas coparon las canchas. Una tendencia que, lejos de ser una moda pasajera, se convirtió en un deporte cuyo atractivo no deja de crecer entre las mujeres.

Nuevos talentos, competiciones más emocionantes y un progresivo aumento de mujeres federadas indican que, por fin, el fútbol femenino es una realidad con proyección de futuro y no un dubitativo proyecto. Desde su implantación tortuosa durante la década de los setenta hasta nuestros días, cada día más mujeres juegan al fútbol. Y es una noticia estupenda.

El futuro del fútbol femenino en todo el mundo sin duda parece brillante. Las brechas entre los equipos se están cerrando y un número creciente de bandos ahora parece capaz de competir por los principales honores internacionales. El nivel general de juego está mejorando constantemente, desde los niveles superiores al nivel de base, debido a la creciente popularidad del deporte en todo el mundo.

Angeles Beatriz Pugliara nació en Capital Federal el 21 de  mayo de 1986, vive en el barrio de Avellaneda en una familia futbolera hincha de Racing, y amante de los deportes, se recibió en el año 2007 de Profesora de Educación Física y se dio cuenta de que le gustaba la práctica pero no la docencia. Cambió el rumbo: empezó la Licenciatura en Obstetricia, carrera que terminó en 2013 justo para iniciar la residencia. Hoy trabaja de partera en un hospital público de la provincia de Buenos Aires. “Me parece mágico y perfecto el nacimiento, el mecanismo de parto y la formación de una vida adentro de otra”. Hoy  felizmente nos cuenta su gran e inolvidable experiencia de su juego en el fútbol amateur de volante por izquierda.

 

“En nuestra vieja casa de Avellaneda, del barrio de Pobladora el fútbol se respira en todos los rincones. Somos hinchas fieles de Racing. Los más chicos soñábamos con entrar un día a un estadio de verdad, lucir la camiseta y jugar como Messi o Maradona, nuestros ídolos eternos. Robertino, mi hermano mayor, concretó por fin el sueño y llegó a jugar en siete clubes. Él vive desde hace diez años en Indonesia formando parte de un equipo profesional y ahora firmó un nuevo contrato con la India.

Puedo decir que pasé casi toda mi infancia viviendo dentro de distintos clubes. Íbamos con mamá y papá a ver jugar a Robertino. Ya entonces me gustaba patear la pelota y correr al mejor estilo de los cracks por la cancha. Papá me enseñaba a hacerlo y también a efectuar los pases y a tirar buenos centros. Pero no hay que engañarse. Me dejaba entrenar o hacer de reemplazo cuando se enfermaba alguien, pero nunca de manera federada o profesional.

Robertino me había contado que en países como Brasil o  Estados Unidos las chicas podían entrenar solas, o en equipos mixtos hasta los diez años. Aquí, para muchos, eso era y aún es visto como una herejía o un acto culturalmente inconcebible.

Mi entrada al fútbol de verdad no fue nada fácil. Vivía rodeada por prejuicios. Luché contra eso desde pequeña y –pienso ahora– quizás decidí jugar al fútbol como un desafío máximo dirigido a romper de una vez con esas estructuras tan consolidadas entre nosotros. Lo cierto es que me la pasaba metida en distintos clubes del barrio. Ni por casualidad me sacaban de esa especie de segundo hogar para mí. Yo jugaba, pero de manera casual y básicamente como un mero entretenimiento. Era como que a las nenas se las dejaba divertirse... hasta cierto punto. Fue así que terminé la secundaria, empecé el Profesorado de Educación Física en el Instituto de Formación Docente Nº 101. Me recibí en 2007, tenía 21 años, es decir, ya no era una niña. De pronto ocurrió una especie de milagro imprevisto.

Yo estaba jugando al fútbol con amigos en una playa de Gualeguaychú, Entre Ríos, y se me acercaron unas chicas que estaban sentadas mirando en la arena –después sabría que formaban parte del equipo de la UBA que estaba en primera A– y me ofrecieron jugar con ellas en ese ámbito. Mi papá, esta vez no se enojó… o se enojó menos. Como que se dio cuenta de una vez por todas que ya no habría marcha atrás en mi vocación futbolera.

Cuando cumplí 22 no hubo vuelta atrás. Me metí de lleno en el equipo de la UBA allá por el 2008 hasta el 2013. Hoy lo pienso y la verdad es que no sé cómo hacía: trabajaba, iba a la Facultad a estudiar la Licenciatura en Obstetricia –soy partera en la actualidad– y después iba a entrenar. Mi psicóloga me había dicho que no debía ceder en el deseo y eso es lo que hice contra viento y marea.

Estuve entonces en varios lugares. En El Porvenir jugué en primera B –los hombres estaban en la C– luego ascendimos a la A y finalmente, por causas diversas, se desarmó ese grupo. Pasé a ser parte del torneo BA Cup en GEBA y luego me desempeñé bajo el anillo protector de la AFA.

Actualmente juego un montón de partidos y torneos con amigas. Lo hago sobre todo los sábados en Pilar donde suelo jugar en los torneos conocidos como North Champ. En estos días participo de cuatro campeonatos diferentes junto a mis amigas futbolistas de siempre.

Paralelamente soy partera en un hospital de Avellaneda y ahí también, cuándo no, debo enfrentar a los que llamo médicos hegemónicos que se jactan de la cantidad de partos que “ellos” hicieron cuando en realidad la que hace el parto es la mujer con asistencia de profesionales hombres y mujeres.

Los preconceptos que aún persisten con el fútbol jugado por mujeres llegan a ser graciosos. Recuerdo que en 2015 un programa televisivo de España hizo un experimento donde una futbolista profesional se hizo pasar por hombre para jugar un partido masculino y registrar la reacción de los colegas. La joven de 21 años, ex integrante del Atlético de Madrid, hizo jugadas de lujo y marcó un gol. Fue entonces cuando se quitó el disfraz y el maquillaje y todos quedaron sorprendidos. Lo cierto es que la chica demostró que no hace falta tener nada especial para jugar con hombres e incluso ganarles en buena ley.

Mi papá, el mismo que al principio no me dejaba jugar federada, ha sido y sigue siendo mi gran maestro de fútbol. Me enseñó a tirar centros con precisión, me convirtió en lo que soy ahora en la cancha, es decir, volante izquierda. Juego al medio sobre la izquierda y ataco en ese carril. Puedo ir por la línea y tirar un centro o ir por el medio hacia el arco. En el caso de que sea necesario tengo que bajar a marcar.

Hoy pienso que todas nosotras hubiéramos sido mejores jugadoras si de chiquitas hubiéramos practicado y aprendido fútbol. Ya se sabe: lo que se aprende en la infancia no se borra nunca.”

 


El sábado 8 de marzo, el mundo celebró el Día Internacional de la Mujer por centésima vez. En el deporte como en muchos otros aspectos de la vida, las mujeres han tenido que luchar por la igualdad y el reconocimiento. Llegó nada más y nada menos que en el mes que nos caracteriza, “M”  de “MARZO”, “M” de “MUJERES”… apasionadas por el futbol YA profesionalizado; que se mostró por primera vez en la historia el equipo femenino de Boca disputando un partido oficial en la Bombonera, ese templo del fútbol de la Ciudad de Buenos Aires de uno de los clubes más populares de la Argentina. Cientos de hinchas de Boca se acercaron  desde bien temprano para disfrutar del partido preliminar del equipo femenino, que goleó 5-0 a Lanús por la quinta fecha de la Zona Campeonato del torneo de la AFA.

El fútbol femenino está aquí, se ha asentado y no piensa moverse. Ha llegado para quedarse y el futuro que le espera sólo puede deparar más mujeres jugando al fútbol, haciéndolo mejor y con más personas pendientes de ellas. El camino ha sido difícil y lo seguirá siendo en el futuro, pero los datos invitan al optimismo: llegará más financiación, más posibilidades de crecimiento y más oportunidades para todas las jóvenes futbolistas.

"Siempre dijimos que íbamos a ser la gestión del fútbol inclusivo, la de la igualdad de género. Esta Asociación tiene un sólo compromiso: hacer un fútbol mejor", comentó Claudio Tapia,  el presidente de la AFA para anunciar la oficialización del fútbol femenino.

A partir de la temporada que viene, "vamos a crear una copa federal de fútbol femenino, que se va a llamar Copa Evolución y que va a disputar de la misma manera que la Copa Argentina que juegan los hombres".

Si la pasión los une, el género no los debe separar.

 

Natty Cabre
Periodista-Panelista
Redactora freelance
Tw @nattycabre
Ig @nattycabre

Osde
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